Hailey Bieber ha aceptado el reto más provocador de su carrera y se ha desnudado —en sentido literal— para la nueva campaña de lencería de Skims. La modelo, empresaria y esposa de Justin Bieber, de 29 años, protagoniza una serie de imágenes donde posa en toples, con un sujetador blanco a punto de ceder y un thong nude que deja poco a la imaginación.
La campaña recién lanzada por Kim Kardashian ha roto todos los moldes de la firma. En una de las instantáneas, Bieber introduce ambas manos dentro de la prenda inferior en un gesto tan calculado como desafiante. Las reacciones no se han hecho esperar: desde el entusiasmo desbordado hasta la crítica feroz. El propio Justin Bieber compartió la imagen en sus redes con un comentario que sus seguidores tradujeron como puro orgullo marital.
Los comentarios en la publicación oficial de Skims oscilan entre el elogio absoluto —“el rostro de Hailey nunca falla”, escribió una fan— y la acusación de retoque digital. Algunos usuarios señalaron que las imágenes parecen “excesivamente editadas”, mientras otros cuestionaron la autenticidad de una belleza que consideran “estancada en la misma estética de siempre”.
Las voces críticas también apuntaron al supuesto nepotismo de la modelo, hija del actor Stephen Baldwin, aunque Hailey lleva años labrando una carrera independiente que ya poco debe a los contactos familiares. Su marca de cuidado de la piel, Rhode, alcanzó una valoración de mil millones de dólares (unos 910 millones de euros) en mayo de 2025, tras un acuerdo de adquisición por parte de e.l.f. Beauty que la convirtió en una de las empresarias más jóvenes del sector beauty.
La operación, cerrada después de meses de negociación, transformó a la celebrity en directora creativa y jefa de innovación de la firma. En una entrevista con la revista Time, Bieber reconoció que “manifestó” la cifra de venta antes de sentarse a negociar: “Fue como, ‘Tiene que ser este número. No aceptaré menos’. Era un objetivo”. La ambición empresarial, tan quirúrgica como sus ejercicios de glúteos, se ha convertido en el reverso de la campaña de Skims.
La campaña de Skims explota el cuerpo de Hailey para vender lencería, pero es su imperio de belleza el que redefine su poder.
El mito del bisturí y la disciplina del fitness
En paralelo a las imágenes, Bieber se ha visto obligada a desmentir por enésima vez los rumores de haberse sometido a un Brazilian Butt Lift. En declaraciones a Allure el año pasado, la madre de un hijo aseguró que hizo un “compromiso” consigo misma de no alterar su apariencia con ayuda médica estética. Atribuye su figura a cuatro sesiones semanales de entrenamiento, con especial devoción por las zancadas —lunges— como moldeador natural de su retaguardia.
La conexión entre el cuerpo que muestra en Skims y el discurso de autocuidado que defiende Rhode es deliberadamente ambivalente. Mientras posa casi desnuda, su marca de belleza se apoya en un marketing minimalista y una retórica de accesibilidad y aceptación. El equilibrio entre la provocación y el empoderamiento femenino es, desde hace años, el terreno de juego favorito de las Kardashian, y ahora también de Hailey.
Kim y Hailey: la alianza que une dos imperios beauty
Que Kim Kardashian haya elegido a Hailey como rostro de su campaña más sexual no es casualidad. Ambas comparten un olfato para los negocios que les ha permitido sortear la etiqueta de “mujer florero”. Skims, valorada en más de 3.600 millones de euros, y Rhode, que ya cotiza en torno a los 910 millones, forman parte de la misma constelación de empresas lideradas por mujeres que han sabido leer los códigos de las redes sociales como nadie.
En la industria, pocas cosas resultan tan rentables como la colaboración entre dos A-Listers que, además, comparten equipo de estilistas y estrategia de comunicación. La campaña refuerza a Skims como líder del mercado de la lencería aspiracional y coloca a Hailey en el lugar exacto donde ella quería estar: el centro del debate mediático, justo mientras Rhode ultima su desembarco en Europa.
La evolución de la celebrity founder: de musa a magnate
El caso de Hailey Bieber cristaliza un fenómeno que en 2026 parece ya inevitable: la porosidad total entre la imagen personal y el patrimonio empresarial de las celebridades. Hace una década, una portavoz publicitaria se limitaba a prestar su rostro; hoy, la modelo elige la campaña que mejor conversa con su propia marca, cronometra el lanzamiento y responde a las críticas con un argumentario de empoderamiento y bienestar.
El precedente más cercano es Rihanna con Savage x Fenty, marca que destronó a Victoria’s Secret precisamente al combinar representación corporal diversa con una imagen hiper-sexual. Bieber no ha alcanzado aún esa escala, pero su movimiento es el mismo, solo que con una vuelta de tuerca: ella no fundó Skims, pero usa la campaña para apuntalar el valor de Rhode. La jugada recuerda también a Gwyneth Paltrow y su plataforma Goop, donde intimidad y negocio se alimentan mutuamente.
La diferencia generacional es que Bieber no necesita montar un escándalo ni ofrecer confesiones desgarradoras. Le basta con un thong, una entrevista al New York Times y un feed de Instagram que mantiene a raya el misterio. Como suele suceder en estos casos, lo que no dice en la imagen lo negocia en la junta de accionistas. El impacto de esta campaña se medirá en el tráfico de la web de Skims —la tienda online ya ha colgado las imágenes—, pero la beneficiada última podría ser Rhode.
El Veredicto VIP
- 📸 Imagen pública: Las fotos la sitúan en la cumbre de la provocación calculada, pero el riesgo de asociarla solo con el cuerpo es alto.
- 💎 El detalle de lujo: Skims, valorada en más de 3.600 millones de euros, no ficha a cualquiera; la elección de Hailey es un espaldarazo comercial.
- 🗣️ El entorno cuenta: Fuentes cercanas a la modelo sugieren que la campaña estaba pactada antes del acuerdo con e.l.f. Beauty, como parte de una estrategia de visibilidad para Rhode.







