Sonsoles Ónega suelta por qué dijo ‘no’ a la boda con Juan y las redes echan humo

La presentadora desvela en una entrevista a Diez Minutos el divertido motivo de su negativa y de paso deja perlas sobre el Papa, la princesa Leonor y su verano de encierro literario. Las redes no perdonan: la 'plancha' ya es meme.

Sonsoles Ónega ha soltado la bomba en la alfombra de los Premios Planeta y, como buena presentadora, ha sabido darle la vuelta al guion con una naturalidad que ya querrían muchos guionistas de reality. En una entrevista con Gtres recogida por Diez Minutos, la periodista ha confesado que su novio, Juan Montes, le pide matrimonio una y otra vez. Y ella, con la plancha como excusa maestra, le dice que la deje tranquila. Sí, la plancha.

La anécdota, que ya es el salseo de la semana en los corrillos del papel couché, surgió cuando le preguntaron por sus intenciones de pasar por el altar. Sonsoles, fiel a ese humor que la ha convertido en una de las figuras más queridas de la tele, soltó: «Me lo pide todo el rato. ¿Mi respuesta? ‘Déjame tranquila, que tengo mucha plancha’». La respuesta ha hecho que las redes echen humo, nunca mejor dicho.

La plancha, ese electrodoméstico tan prosaico como el gesto más fino de esquivar un sí quiero.

Pero el no de la presentadora de Antena 3 no es solo una cuestión de tareas domésticas. La comunicadora fue más allá y puso sobre la mesa la verdadera barrera: la Iglesia. «No podría casarme por la iglesia porque estoy divorciada. Son de esas cosas que me hacen discrepar con la iglesia», argumentó con honestidad ante los periodistas. Tres años de relación con el financiero de 55 años, una exclusiva que Diez Minutos destapó en su día, y un sí que se resiste por un cisma entre lo civil y lo religioso que a ella le chirría.

El actor secundario de esta historia no es otro que el Papa León XIV, de quien Sonsoles se deshizo en elogios («un personaje de este siglo impresionante») pero sin morderse la lengua sobre su situación personal. La coherencia de la presentadora, esa que tanto engancha en Y ahora Sonsoles, se trasladó a la alfombra con la misma soltura con la que habla de la princesa Leonor y la infanta Sofía («la súper heredera y una hermana que la apoya»), a las que ve como «un grandísimo ejemplo». Sin embargo entre risas, admitió que la cabeza no le da para más polémicas: solo se entera de lo que informa en su programa.

Y hablando de programas, la periodista aprovechó para actualizar el estado de Susana Uribarri, ingresada por neumonía pero, fiel a su estilo, «trabajando más que si estuviera en casa». La anécdota sirve para dibujar a una Sonsoles que, pese a un año «muy difícil», se encierra este verano a escribir su próxima novela —ya tiene un tercio— porque «tener tiempo para escribir y leer sin la angustia de irte a la tele ya es un descanso». No le pide a la vida más que salud y fuerza para seguir sin fumar. ¿Y una boda? Eso, cuando se acabe la colada.

La plancha, el Papa y un verano de encierro literario

Más allá del chascarrillo viral, la confesión de la periodista revela la dicotomía de una mujer que maneja los tiempos de la televisión y los suyos propios con una precisión envidiable. Mientras las cuentas de cotilleo convierten el «tengo mucha plancha» en meme, ella ya tiene la mirada puesta en el manuscrito que la mantendrá alejada de las playas y cerca de la tinta. La misma que ganó el Planeta y que ahora utiliza para seguir contando historias que, quizás, tengan menos arrugas que las camisas de Juan.

La coartada doméstica, por cierto, no es nueva. Sonsoles lleva tiempo jugando al despiste con los periodistas del corazón, pero esta vez, al verbalizarlo sin red delante de las cámaras, ha conseguido que el chiste se convierta en noticia. Y en un país donde el «¿para cuándo la boda?» sigue siendo pregunta recurrente, responder con un electrodoméstico es puro arte de la evasión.

Análisis: Sonsoles, la anti-Barbie que se casó con la realidad

Resulta imposible no leer esta anécdota en clave de coherencia. Sonsoles Ónega, que lleva años construyendo un personaje público hecho de inteligencia, ironía y una pizca de rebeldía tranquila, ha entendido que el matrimonio no es su termómetro vital. No es la primera figura pública que pone distancia con el altar —recordemos a Alaska y Mario, que tardaron décadas en pasar por la vicaría—, pero sí una de las pocas que lo argumenta con la sencillez de quien está en paz con su biografía. La divorciada que no quiere casarse por la Iglesia y que, además, prefiere la plancha a la presión social, nos regala una imagen poderosa en un ecosistema mediático donde los anillos y las exclusivas nupciales siguen vendiendo revistas.

Quizás lo más valioso de esta confesión no es lo que dice, sino cómo lo dice. Sin aspavientos, sin dramas, con el mismo humor con el que despacha un programa diario de tres horas. Y ahí, en esa normalidad, está la verdadera lección. Ella seguirá escribiendo, presentando y esquivando preguntas mientras Juan sigue acumulando ‘noes’. Porque, total, mientras haya plancha, hay coartada.

El Termómetro de Cotilleo

  • 🌡️ Nivel de drama: 6/10. El meme es potente pero la pareja sigue tan feliz; el drama es más de tuiter que de portada.
  • 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana Sonsoles, que refuerza su imagen de mujer libre y genuina; pierde Juan, que se queda sin anillo y con el cesto de la ropa sucia.
  • 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: Apuesto a que en menos de un mes hay portada en ¡Hola! con ella y la plancha. Juan, mientras, seguirá insistiendo.