La reina Sofía ha sacado a pasear sus joyas más impresionantes en Estocolmo y el resultado ha sido un conjunto valorado en más de seis millones de euros. La excusa perfecta era el 80 cumpleaños del rey Carlos Gustavo de Suecia, donde ejerció de única representante de la Casa Real de España y decidió que el pabellón debía quedar bien alto. Vamos, que lo clavó.
La reina emérita llevaba tiempo sin darnos un alegrón joyero. Porque, seamos sinceros, con la línea minimalista de Letizia —pendientes discretos y poco más— nos habíamos desacostumbrado a los ‘joyones’ Borbón. Pero Sofía guardaba un as bajo la manga: un aderezo completísimo de diamantes amarillos y blancos y la histórica diadema de la Chata, que no se dejaba ver desde 2006.
El conjunto amarillo que vale una fortuna (literal)
El gran golpe de efecto lo dieron los diamantes fancy: un collar de gargantilla generosa con un colgante de impacto, pendientes, pulsera y anillo a juego. Según fuentes expertas en alta joyería consultadas por La Razón, el conjunto superaría con holgura los seis millones de euros: solo los pendientes podrían rondar los dos millones y el collar se dispararía hasta los tres. Eso sí, no se descarta que sean zafiros amarillos, aunque, como apuntan, «seguiríamos hablando de millones».
La reina no estrenaba estas piezas: ya había lucido los pendientes en 2018 en el 70 cumpleaños del entonces príncipe Carlos. Pero nunca habíamos visto el juego completo. Es muy probable que se trate de un regalo de alguna familia real árabe —esa tradición de obsequiar joyería imponente a las consortes europeas—. De hecho, en 2018 recibió otro juego similar de Mohamed bin Salman. Así que lo de Sofía es pura rotación de joyero, no nueva adquisición.
La diadema de la Chata, el rescate que faltaba
Pero si los diamantes amarillos encandilaron, la tiara fue el complemento perfecto. La diadema de la Chata, creada en 1867 por la joyería Mellerio de París, es una maravilla de hojas de laurel en diamantes y perlas que imitan el brillo del mar. Perteneció a la infanta Isabel de Borbón, la hermana de Alfonso XII, y desde 2006 dormía en Zarzuela. Muchos la daban ya para Leonor o para la infanta Sofía, pero la abuela ha decidido devolverla a la vida en una cita de altura. Y el gesto, con ese aire de «aquí mando yo», ha gustado.
Como explica David Rato, creador de Spanish Royal Jewels, «desde la abdicación, la Reina Sofía ha visto reducidos sus actos de gala, así que recurre a piezas menos vistas». Y añade que es normal en alguien con una colección tan extensa: entran y salen de la rotación y a veces no las volvemos a ver. El caso es que esta vez tocaba sorprender.
El contraste con la reina Letizia es evidente. Mientras Sofía, de 87 años, rescata tesoros históricos y exhibe lustre dinástico, Letizia ha optado por la discreción casi monacal —con la excepción puntual del riviere de chatones de Victoria Eugenia. Dos formas de entender el papel, dos generaciones, y entre las dos, un equilibrio que la Corona parece manejar con intención: una da el brillo, la otra la modernidad.
El Termómetro de Cotilleo
- 🌡️ Nivel de drama: 6/10. No hay crisis, pero el brillo de Sofía ha devuelto un cierto runrún sobre el joyero real.
- 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana Sofía, que se corona como la guardiana del esplendor joyero de los Borbón. Pierde, quizá, la paciencia de Leonor, que ve cómo su posible tiara de futuro se retrasa.
- 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: Seguro que alguna publicación monográfica se lanza a tasar el joyero entero de la reina. Y en Zarzuela, silencio.







