Kiko Matamoros se sentó frente a nosotros en una mesa repleta de langostinos cocidos, jamón y una copa de cerveza vacía, con un cigarrillo encendido pese a estar dentro del Bingo Las Vegas. Su noche no había salido como esperaba, y el rostro del colaborador reflejaba una mezcla de decepción y reflexión. “Lo de hoy ha sido una de las mayores decepciones de mi vida. Un día enormemente amargo”, confesaba tras presentar junto a Kiko Hernández un adelanto de su nuevo proyecto televisivo, un programa destinado a recuperar la atención del público tras la cancelación de ‘Sálvame’, un final abrupto que todavía resuena entre los espectadores y los propios colaboradores tres años después.
1El nuevo programa de los Kikos
Según Matamoros, “Los Kikos” no cumplieron las expectativas. El espectáculo se convirtió en un desfile de irreverencias y provocaciones, sin un hilo conductor claro, intentando emular aquellos años de ‘Crónicas Marcianas’ con más nostalgia que análisis crítico. Pero la autocrítica de Kiko Matamoros es igual de dura que la que aplica a los demás: “Para ser duro con los demás, hay que ser duro con uno mismo. Si no te exiges a ti, no puedes exigir a los demás”, admitió, mostrando una faceta más reflexiva de su personalidad, lejos del carácter provocador que suele mostrarse ante las cámaras.
A sus casi 70 años, Kiko Matamoros asegura que sigue trabajando por pasión, no por necesidad. “No me voy a retirar nunca. Pretendo morir con las botas puestas”, afirmó. Según él, aunque antaño los cheques de la televisión le proporcionaban sustento, ahora lo que le mueve es su objetivo vital, su entrega total a una actividad que describe como “una actividad intelectual… o llámalo como quieras”. Como tertuliano, ha dejado atrás las épocas doradas de la pequeña pantalla, y aunque reconoce que como productor se puede ganar mucho dinero, insiste: “No es que esto sea mi modo de vida; es mi objetivo vital”.
Durante la conversación, Kiko se encendió un segundo cigarrillo y observó a su alrededor, fijando la mirada en su esposa Marta López Álamo y en tres de sus hijos: Diego, Lucía e Irene. La paz familiar que hoy disfruta contrasta con los conflictos del pasado. “Es la que se ha preocupado por acercarnos, para que, en la medida de las posibilidades, tratáramos de tenernos”, confesó. Para Matamoros, el entendimiento familiar y el confort de sus hijos se han convertido en prioridades vitales: “Estaré para ellos en todo lo que pueda, hasta que muera”, afirmó con convicción.
Su esposa Marta, a quien define como “mi todo”, ocupa un lugar central en su vida. “Cuando no está conmigo la echo mucho de menos”, confesó. Disfrutan de la compañía mutua y de actividades sencillas pero significativas: ir al cine, a la ópera o leer un libro juntos. Para Kiko, Marta representa no solo una pareja, sino un apoyo emocional y afectivo que ha cambiado su forma de vivir, alejándolo de los excesos que marcaron su pasado nocturno.

