
La última emisión de DecoMasters dejó uno de los momentos más conmovedores de la temporada. La convivencia entre Mar Flores y su hijo Carlo Costanzia permitió al público asomarse a una historia familiar marcada por la distancia, el dolor y los intentos de reconstrucción. En mitad de las pruebas del concurso, la modelo realizó una confesión inesperada que evidenció que las heridas del pasado siguen presentes en su vida cotidiana.
La confesión de Mar Flores

La frase “estoy muy preocupada” resonó con fuerza en el plató y dejó a sus hijos sin palabras. No se trataba de una inquietud pasajera, sino del reflejo de un miedo profundo que arrastra desde que Carlo decidió marcharse a vivir a Italia siendo apenas un niño. La modelo reconoció que aquella decisión, tomada en un contexto de sufrimiento escolar, cambió su forma de entender la maternidad y la protección hacia sus hijos.
Uno de los momentos más impactantes del programa llegó cuando Carlo habló abiertamente del bullying que sufrió durante su infancia. Explicó que el hecho de ser “hijo de” una figura pública le convirtió en blanco de burlas y presiones que terminaron por hacer insostenible su estancia en el colegio. Aquella situación derivó en un cambio de centro, un internado en Suiza y, finalmente, su traslado definitivo a Italia, un proceso que acentuó la distancia emocional entre madre e hijo.
Mar Flores confirmó que era plenamente consciente de lo que ocurría. Recordó que el colegio la llamaba con frecuencia y que la situación se volvió insostenible hasta el punto de que el padre del menor decidió llevárselo a vivir con él. La decisión se resolvió en los tribunales, donde el propio Carlo, con tan solo doce años, expresó su deseo de marcharse, un momento que la modelo describe como “clavado en el corazón” y que todavía hoy le provoca una profunda angustia.
Esa experiencia marcó un antes y un después en su manera de criar a sus otros hijos. La empresaria confesó que el miedo a repetir la historia la llevó a extremar las precauciones, recurriendo incluso a apoyo psicológico para los menores. Su preocupación actual no responde a un problema concreto, sino a la huella emocional de aquel episodio que le hizo sentir que perdía el control sobre la protección de su hijo.
Durante el programa, la modelo también reflexionó sobre la presión mediática que ha acompañado su vida durante décadas. Denunció que en España no existe una verdadera cultura del derecho al olvido, lo que provoca que episodios de hace treinta años sigan reapareciendo y condicionando la percepción pública. Esta sensación de vivir atrapada en un relato ajeno fue, según explicó, una de las razones que la llevaron a escribir sus memorias y a hablar abiertamente de su pasado.
El relato de Mar Flores se volvió aún más emotivo al recordar el regreso de Carlo a España. El joven se marchó siendo un niño y volvió con diecinueve años convertido en un adulto con tatuajes, problemas personales y una historia marcada por la inestabilidad. La modelo describió ese reencuentro como duro y desconcertante, pues apenas pudo verle durante los años que residió en Italia, lo que dificultó mantener un vínculo constante.
El episodio que nadie conocía

Uno de los episodios más estremecedores que relató fue la llamada que recibió de su hijo tras una fuerte discusión con su padre. Carlo le confesó que no podía seguir viviendo allí y que se sentía desbordado por la situación familiar. Cuando finalmente regresó, Mar asegura que se encontró con un joven destrozado al que intentó ayudar durante años, acompañándolo en procesos de rehabilitación y ofreciéndole apoyo, aunque reconoce que aún quedan conversaciones pendientes entre ambos.
Por su parte, Carlo también aportó su visión sobre aquella etapa. Explicó que abandonó el hogar paterno siendo adolescente, en un contexto familiar complejo en el que sentía que generaba problemas y que no encajaba en la nueva dinámica del hogar. Sus palabras dejaron entrever una mezcla de comprensión hacia su padre y dolor por no haber encontrado su lugar, una dualidad que ayuda a entender la distancia emocional que se creó durante esos años.
A pesar de todo, DecoMasters se ha convertido en un espacio inesperado para el reencuentro. Madre e hijo no solo comparten equipo en el concurso, sino que están manteniendo conversaciones que nunca habían tenido, descubriendo aspectos desconocidos de sus propias vivencias. El programa está funcionando como una especie de terapia pública en la que ambos intentan sanar heridas, reconstruir la confianza y avanzar hacia una relación más sólida.
La confesión de Mar Flores no solo revela el peso de su pasado, sino también el amor y el miedo que definen su presente como madre. Su preocupación actual no es un síntoma de debilidad, sino la consecuencia de haber vivido una experiencia que la marcó profundamente. En ese sentido, su testimonio conecta con muchas familias que han atravesado situaciones similares, demostrando que el tiempo no siempre borra las cicatrices, pero sí puede abrir la puerta a la reconciliación.
El público ha reaccionado con empatía ante esta historia, valorando la honestidad de ambos al compartir episodios tan íntimos. La televisión, en este caso, ha trascendido el entretenimiento para convertirse en un escenario de verdad emocional, donde los protagonistas muestran su vulnerabilidad sin filtros. La confesión que dejó a sus hijos sin palabras también ha servido para abrir un diálogo sobre la salud mental, la presión social y las complejidades de la maternidad en contextos mediáticos.
Hoy, madre e hijo continúan su paso por el concurso con una complicidad renovada. Aunque el pasado sigue presente, ambos parecen dispuestos a escribir una nueva etapa basada en la comprensión y el apoyo mutuo. Y mientras las cámaras siguen rodando, queda claro que la mayor victoria no será ganar el programa, sino reconstruir el vínculo que durante años quedó suspendido entre el dolor y la distancia.

