
Loles León vuelve a demostrar que no tiene pelos en la lengua en su visita a Lo de Évole, donde se sincera sobre su situación económica, la precariedad en el mundo del espectáculo y el precio de una vida entera dedicada a la interpretación. En un paseo por la Barceloneta con Jordi Évole, la actriz se abre en canal recordando su biografía profesional y personal, y deja varios titulares que ya resuenan con fuerza en el universo televisivo y en las redes.
“A mí no me han dado nunca una subvención”
Uno de los momentos más contundentes de la noche llega cuando la intérprete carga contra el tópico de que los actores viven de “paguitas” y ayudas públicas. Visiblemente molesta, rechaza de plano ese discurso y reivindica que todo lo que tiene se lo ha ganado trabajando, función a función y rodaje a rodaje.
En la charla con Évole, la actriz explica que en su caso no ha recibido subvenciones y que su trayectoria se sostiene sobre su esfuerzo y su capacidad para encadenar proyectos, incluso cuando no son los que más ilusión le hacen. Lo describe como una profesión de subidas y bajadas constantes, donde muchas veces hay que aceptar trabajos únicamente para llegar a fin de mes.
El concepto de «cine gastronómico»
Con su ironía habitual, la actriz bautiza como “cine gastronómico” esas películas que se hacen «para comer, pagar facturas y tapar agujeros en momentos de vacas flacas». Detrás del chiste hay una crítica clara a la precariedad en el sector, incluso para rostros muy populares de la televisión y el cine como es ella.
También recuerda su salida de ‘Aquí no hay quien viva’, donde encarnaba a uno de los personajes más recordados de la mítica comedia. La actriz admite que abandonó la serie por desavenencias económicas con el productor y por unos horarios de rodaje maratonianos que, según cuenta, terminaron pasando factura a todo el equipo. Llega a asegurar que acabaron enfermos por el ritmo de trabajo, una afirmación que ilustra hasta qué punto el éxito televisivo puede esconder condiciones muy duras detrás de las cámaras.
En su defensa del gremio artístico, la actriz va un paso más allá y desmonta el argumento de quienes creen que los actores viven de sus impuestos. Recuerda que la presión fiscal sobre los profesionales del espectáculo es muy elevada y que, en su caso, siente que contribuye de forma directa al sostenimiento de servicios públicos como la sanidad.
Con una frase que no deja indiferente, asegura que es gente como ella quien «mantiene los impuestos de la operación de apendicitis de tu hijo y la operación de vesícula de tu madre», subrayando que a los actores «les quitan el 50%». Este alegato conecta con la visión de una actriz que se sabe privilegiada por su éxito, pero que quiere dejar claro que no se considera una mantenida del sistema, sino una contribuyente más que soporta una carga fiscal muy alta.
Cansada del odio: adiós a las redes sociales
Otra de las confesiones llamativas de la entrevista es su ruptura total con las redes sociales, un espacio en el que fue muy activa durante años. La actriz revela que decidió abandonar todas sus cuentas harta de leer comentarios que cuestionaban su trabajo y la acusaban, una y otra vez, de vivir de subvenciones y ayudas.
Ese clima de crítica constante y de desinformación sobre cómo funciona realmente la industria del espectáculo la llevó a cortar por lo sano. Según cuenta, prefirió preservar su salud mental y su carácter vitalista antes que seguir exponiéndose a un juicio permanente de desconocidos amparados en el anonimato digital. Su salida de las redes confirma una tendencia cada vez más frecuente entre figuras veteranas que priorizan el contacto directo con el público en teatros, platós y calles frente a la exposición continua en internet.

