Silvia Bronchalo da una noticia sobre Daniel Sancho que deja a todos sin palabras

Silvia Bronchalo ha roto su silencio sobre el caso de su hijo. Sus palabras sobre Daniel Sancho han dejado a todos conmocionados. El testimonio revela dolor, distancia familiar y una tragedia difícil de comprender.

Silvia Bronchalo en su entrevista. (Foto: YouTube)
Silvia Bronchalo en su entrevista. (Foto: YouTube)

La primera entrevista de Silvia Bronchalo tras la condena a cadena perpetua de su hijo Daniel Sancho en Tailandia ha dejado a la opinión pública sin palabras, no solo por la dureza del testimonio, sino por las revelaciones personales que han salido a la luz. Su intervención televisiva ha puesto el foco en el lado más humano de una tragedia que ha sacudido a dos familias y ha reabierto heridas que, según sus propias palabras, nunca llegaron a cerrarse.

El testimonio de Silvia Bronchalo

Silvia Bronchalo posando. (Foto: Instagram)
Silvia Bronchalo posando. (Foto: Instagram)

En su relato, Bronchalo ha recordado con profundo dolor a la familia de la víctima, Edwin Arrieta, subrayando que son quienes atraviesan el mayor sufrimiento. Con una actitud serena, insistió en que lamenta profundamente lo ocurrido y reconoció el calvario que viven los allegados del cirujano colombiano, mostrando respeto hacia su duelo y afirmando que comprende la magnitud de la pérdida. Sus palabras, lejos de buscar justificaciones, se centraron en el dolor compartido y en la dificultad de asumir una realidad que, según ella, sigue siendo incomprensible.

Uno de los aspectos más impactantes de su testimonio fue la confesión sobre el distanciamiento que mantuvo con su hijo durante años, una fractura emocional que comenzó tras su separación de Rodolfo Sancho. Bronchalo explicó que la relación se enfrió progresivamente hasta el punto de pasar largos periodos sin saber nada de Daniel, quien decidió vivir con su padre y su abuela. Este alejamiento, según relató, marcó un antes y un después en su vínculo y dejó un vacío que el tiempo no logró reparar.

La madre del condenado admitió que el deterioro familiar fue complejo y doloroso, fruto de discrepancias y tensiones que no supieron resolver. “El tiempo perdido no se recupera”, afirmó con visible tristeza, reconociendo que en los últimos años previos a la tragedia habían logrado acercarse de nuevo, lo que hace aún más difícil asumir la situación actual. Esta confesión ha generado un fuerte impacto social, al mostrar cómo los conflictos familiares pueden dejar cicatrices irreversibles.

El recuerdo de la infancia de Daniel emerge en su relato como un contraste desgarrador con el presente. Bronchalo lo describió como un niño alegre, inteligente y apasionado por la lectura, especialmente por la poesía, y evocó momentos cotidianos compartidos: salidas en bicicleta, jornadas deportivas, visitas al cine y comidas en restaurantes donde disfrutaban probando platos de diferentes culturas. Estos recuerdos, cargados de ternura, evidencian la dificultad de conciliar la imagen del hijo que conoció con los hechos que lo han llevado a prisión.

Otro de los puntos que más sorprendió fue su desconocimiento sobre la vida que llevaba Daniel en los años previos al crimen. Reconoció que entre 2020 y 2023 apenas tuvo contacto con él y que sabía que trabajaba en relaciones públicas nocturnas, una ocupación que le preocupaba porque, según su percepción, no tenía necesidad económica de hacerlo. La falta de información sobre su día a día alimenta ahora un sentimiento de culpa y desconcierto que atraviesa todo su testimonio.

Silvia Bronchalo lo ha contado todo

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Bronchalo también reflexionó sobre la adolescencia de su hijo, etapa en la que comenzó el distanciamiento definitivo. A los 14 años, en plena formación de su identidad, Daniel mostró interés por la política y empezó a pasar más tiempo con su padre, lo que redujo progresivamente el contacto con su madre. La distancia emocional se amplió con los años, favorecida por nuevas amistades, salidas y decisiones vitales que los fueron separando.

La elección de dedicarse a la cocina fue, según relató, una decisión unilateral que marcó su rumbo. Aunque desde pequeño disfrutaba cocinando y experimentando con recetas —especialmente postres y platos japoneses—, abandonó sus estudios de ADE para formarse como chef con la intención de abrir un restaurante. Bronchalo confesó que intentó advertirle de la dureza del sector hostelero, pero finalmente respetó su decisión, que terminaría definiendo su trayectoria profesional.

El motivo de conceder esta entrevista también ha generado debate. La madre de Daniel explicó que su participación responde, en parte, a la necesidad de obtener recursos económicos para mejorar la defensa legal de su hijo, mientras esperan la resolución de un recurso que podría derivar en la repetición del juicio. Esta revelación ha añadido una dimensión práctica y desesperada a su intervención, mostrando la lucha constante por encontrar vías que permitan revisar la sentencia.

A pesar del dolor, Bronchalo quiso dejar claro que apoya el pago de la indemnización a la familia de Edwin Arrieta, aunque el proceso esté condicionado por el recurso judicial en curso. Su postura busca equilibrar el respeto hacia la víctima con la defensa de su hijo, una posición compleja que refleja la contradicción emocional de una madre atrapada entre el amor filial y la gravedad de los hechos.

La entrevista ha tenido un efecto inmediato en la opinión pública, generando un debate sobre la responsabilidad, el perdón y el papel de las familias en tragedias de esta magnitud. Muchos espectadores han destacado la entereza de Bronchalo al afrontar preguntas difíciles, mientras otros cuestionan el impacto mediático de estas declaraciones en un proceso aún abierto.

En medio de este escenario, el testimonio de Silvia Bronchalo no solo aporta detalles desconocidos sobre la vida de Daniel Sancho, sino que también revela la dimensión humana de un caso que ha trascendido lo judicial. Entre recuerdos de infancia, culpas no resueltas y un dolor que no distingue fronteras, su voz se suma a una historia marcada por la tragedia, el arrepentimiento y la búsqueda de respuestas que, por ahora, siguen sin llegar.