
Alessandro Lequio ha reaparecido públicamente tras su salida de Mediaset y lo ha hecho con un mensaje que no ha pasado desapercibido. El colaborador italiano, conocido por su estilo directo y sin filtros, ha aprovechado la enorme repercusión del espectáculo de Bad Bunny en la Super Bowl para fijar posición y lanzar una crítica contundente que ha reavivado el debate cultural y político en torno al artista puertorriqueño. Su intervención marca su regreso al foco mediático después de su despido de Telecinco y confirma que no tiene intención de mantenerse en silencio.
La opinión de Lequio sobre Bad Bunny

El detonante ha sido el histórico intermedio protagonizado por Bad Bunny, seguido por más de 135 millones de espectadores, una cifra que lo sitúa como uno de los shows más vistos de la historia del evento deportivo. El artista ofreció una actuación prácticamente íntegra en español y reivindicó con claridad el orgullo de ser latino en Estados Unidos, llegando a afirmar que “todo el mundo quiere serlo”. El espectáculo generó una ola de aplausos y críticas a partes iguales, y en ese contexto Lequio decidió intervenir desde su cuenta de Instagram.
“No entiendo la música de Bad Bunny. O mejor dicho: para mí eso no es música”, escribió sin rodeos. En su reflexión añadió que “cada cual es libre de intoxicarse con lo que quiera”, matizando que en su juventud tampoco comprendía propuestas como AC/DC o parte del punk, por lo que asumía que cada época tiene su propia “no música”. El tono irónico y provocador fue la clave de su mensaje, una declaración que rápidamente se viralizó y volvió a situarlo en el centro de la conversación pública.
Lequio fue más allá y cuestionó el impacto real del espectáculo en el estadio, basándose en los vídeos que circulaban en redes sociales. “Lo de la Super Bowl fue otro nivel. Vi vídeos del estadio durante su actuación y el ambiente era el mismo que en una sala de espera: miradas perdidas y cero emoción”, afirmó. Según su percepción, daba la sensación de que nadie entendía una palabra de lo que el artista cantaba, e incluso aseguró que algunos jugadores entrevistados no sabían nombrar canciones suyas. Su análisis no se limitó a lo musical, sino que apuntó directamente al contexto cultural del evento.
El excolaborador de ‘Vamos a ver’ también expresó que, en un espectáculo tan profundamente estadounidense como la Super Bowl, el intermedio debería celebrarse, como mínimo, en inglés. A su juicio, lo único que sonó a “música de verdad” fue la intervención de Lady Gaga, cuya aparición sorprendió a millones de espectadores. Para Lequio, el resto del show pareció menos arte y más mensaje político disfrazado, con un destinatario claro: Donald Trump y su entorno. “Tal vez no era un concierto, tal vez era un comunicado”, concluyó, dejando entrever que interpreta la actuación como una declaración ideológica.
El mensaje de Alessandro Lequio

La crítica de Lequio coincide con la expresada por el propio Donald Trump, quien calificó el espectáculo como uno de los peores de la historia del evento. El presidente estadounidense aseguró que no representaba la grandeza del país ni sus estándares de creatividad y excelencia, y añadió que nadie entendía lo que cantaba el artista. También cargó contra las coreografías, considerándolas inapropiadas para los niños que siguen el evento en todo el mundo. La dimensión política del debate ha amplificado aún más la polémica, trascendiendo el terreno estrictamente musical.
Mientras tanto, los datos de audiencia confirman que la actuación de Bad Bunny ha superado todas las expectativas y ha quedado inscrita en los registros históricos del evento. Los 13 minutos de espectáculo siguen siendo objeto de análisis por las múltiples lecturas que ofrecieron, desde la reivindicación de la identidad latina hasta referencias simbólicas que algunos interpretaron como críticas a las políticas migratorias. Uno de los momentos más comentados fue la aparición de un niño que evocaba la imagen de menores detenidos por el ICE semanas atrás, aunque también podía leerse como una representación del propio artista en su infancia. La ambigüedad calculada formó parte del impacto del show.
La presencia de invitados inesperados reforzó la dimensión internacional del intermedio. Además de Lady Gaga, también participaron figuras como Ricky Martin y Pedro Pascal, ampliando el mensaje de diversidad cultural que Bad Bunny quiso transmitir. Incluso el diseñador del vestido de Gaga explicó que desconocía el destino final de su creación hasta que la vio en televisión, tras recibir el encargo para un supuesto proyecto secreto de estilo “salsa”. Todo ello contribuyó a alimentar la narrativa de un espectáculo cuidadosamente construido para generar conversación.
El eco del show se extendió también al ámbito empresarial. Un día después del evento, trabajadores de Zara encontraron en sus puestos una réplica de la camiseta que el cantante lució durante la actuación, acompañada de un mensaje de agradecimiento. “Gracias por el tiempo, el talento y el corazón que pusieron en esto. Gracias por hacerlo real. Este show también fue de ustedes”, escribió el artista, subrayando el carácter colectivo del proyecto. El gesto fue interpretado como una muestra de cercanía con el equipo creativo que participó en la producción.
En medio de esta tormenta mediática, la reaparición de Alessandro Lequio adquiere un significado adicional. Tras su salida de Telecinco, muchos se preguntaban cuál sería su siguiente paso público, y su posicionamiento frente a uno de los eventos culturales más comentados del año confirma que seguirá ejerciendo de opinador sin concesiones. Lejos de moderar su discurso, ha optado por reafirmar su estilo crítico, consciente de que cada intervención suya genera titulares.
El debate sobre si la Super Bowl debe reflejar exclusivamente la identidad anglosajona o abrirse a otras lenguas y culturas sigue abierto, y las palabras de Lequio se suman a una conversación mucho más amplia sobre representación, industria musical y política. Lo que resulta indiscutible es que tanto Bad Bunny como Alessandro Lequio han conseguido lo mismo desde posiciones opuestas: ocupar el centro del foco mediático. Y en esa tensión entre aplausos y reproches, la discusión pública continúa creciendo mucho después de que se apagaran las luces del estadio.

