Rosa Rodríguez aún no termina de asimilar lo que ha ocurrido, aunque su nombre ya forma parte de la historia de la televisión en España. La concursante gallega se llevó 2.716.000 euros, el mayor bote jamás entregado en Pasapalabra, y lejos de anunciar lujos imposibles o cambios radicales de vida, ha sorprendido con una decisión que ha dejado a muchos en shock por su sencillez y coherencia.
Su prioridad no es una mansión ni un coche de alta gama, sino una vivienda y la tranquilidad de sus padres, los mismos que hace 25 años dejaron atrás Argentina para ofrecer a sus hijos una oportunidad.
1Rosa Rodríguez rompe su silencio
«Quiero ayudarles. El premio lo invertiré en una vivienda y en darle tranquilidad a mis padres que tanto han trabajado por mí y por mis hermanos», ha confesado con una serenidad que contrasta con la magnitud de la cifra. La escena, tras completar el rosco final, ya es parte de la memoria colectiva del concurso presentado por Roberto Leal, pero lo que más ha impactado no ha sido solo la cantidad obtenida, sino el destino que ha decidido darle. Rosa no habla desde la euforia, sino desde la gratitud, y esa diferencia ha marcado el tono de todas sus declaraciones.
Su historia comienza mucho antes de sentarse frente al rosco. Llegó a España con apenas siete años, procedente de Quilmes, junto a sus padres y sus tres hermanos, y se instaló en La Coruña en busca de un futuro mejor. Aquella niña que aterrizaba en un país nuevo con una maleta cargada de incertidumbre es hoy la mujer que ha conquistado el bote más alto del programa. El premio no es, para ella, un golpe de suerte aislado, sino el resultado de años de esfuerzo silencioso, tanto propios como familiares.
Su trayectoria académica refleja el mismo tesón que demostró en cada tarde de concurso. Estudió Filología Inglesa y amplió su formación con un máster en Lingüística, otro en Educación y un tercero en Neurociencia aplicada a la educación, construyendo un perfil académico sólido y especializado. En la actualidad trabaja como profesora universitaria de español como lengua extranjera, acompañando a estudiantes internacionales en el aprendizaje del idioma, una labor que siempre ha defendido como vocacional. Durante cinco años preparó Pasapalabra como si se tratara de una oposición, estudiando de manera sistemática y constante, convencida de que el conocimiento es una herramienta que se cultiva a largo plazo.
Tras el impacto inicial del bote, Rosa ha reconocido que todavía se encuentra en una especie de shock por la repercusión mediática. Sin embargo, insiste en que quiere tomar las decisiones con calma y sin precipitarse. «Ya iremos tomando decisiones de manera calmada y también con la cabeza más clara. Ahora quiero disfrutar», ha asegurado, dejando claro que no piensa dejarse arrastrar por la presión del momento. La prudencia es, quizá, el rasgo que mejor define su carácter, incluso en medio de una cifra millonaria.

