No te esperas cómo es la nueva vida de Adrián Gordillo, el actor que durante años fue conocido por el gran público como ‘Mecos’, el inolvidable personaje de la serie Aída. Alejado desde hace tiempo de los focos de la ficción televisiva, su nombre ha vuelto a ocupar titulares por una polémica que él mismo ha querido aclarar, ofreciendo su versión de los hechos con un discurso directo, sin rodeos y cargado de matices personales.
1Adrián Gordillo ha tenido problemas
Adrián Gordillo ha decidido hablar y explicar públicamente una situación que, según sus palabras, nada tiene que ver con una conducta delictiva premeditada. El actor relata que todo se originó a raíz de un conflicto que afectó directamente a su entorno familiar. “A mi hermano le timaron con su BMW y le dejaron a deber 4.000 euros”, asegura, subrayando que ese episodio fue el detonante de una reacción impulsiva que, con el paso del tiempo, reconoce que se salió de control.
Según su testimonio, la actuación que protagonizó junto a otras personas no estuvo motivada por el robo, sino por un sentimiento de enfado acumulado y una percepción de injusticia difícil de gestionar en ese momento. “Nos tomamos la justicia por nuestra mano”, reconoce, aunque matiza de inmediato que no hubo intención de apropiarse de nada. En su relato insiste en que el objetivo nunca fue lucrarse, sino comprobar una situación que les había generado una enorme frustración.
Gordillo detalla que no sustrajeron ningún objeto, ni encontraron nada en el interior de los vehículos implicados. “No hicimos nada, abrimos los coches a ver si había algo y no había nada, absolutamente nada”, afirma con rotundidad, añadiendo además que los coches ya estaban desguazados, un dato que, según él, desmonta cualquier interpretación que los sitúe como responsables de un robo organizado o planificado.
Uno de los puntos en los que más insiste el actor es en desmarcarse completamente de la imagen de ladrón que, a su juicio, se ha querido proyectar. “Nosotros no somos ladrones”, recalca, explicando que el contexto fue clave en lo sucedido. Reconoce que era de madrugada y que venían de fiesta, un estado que, según admite implícitamente, no ayudó a tomar decisiones acertadas, pero que tampoco justifica una etiqueta que considera injusta y desproporcionada.
Estas declaraciones dibujan el retrato de un Adrián Gordillo muy distinto al que muchos recuerdan de la televisión. Lejos del personaje cómico y algo ingenuo de Aída, ahora se muestra como alguien que habla desde la experiencia, la rabia contenida y el deseo de aclarar una situación que ha marcado su presente. Su nueva vida, alejada de los platós y del ritmo de la fama, parece estar marcada por una mayor exposición personal cuando las circunstancias lo exigen, aunque no por una búsqueda activa de protagonismo.
El actor no esquiva la polémica, pero tampoco dramatiza. Su discurso se sostiene en la idea de que los errores pueden surgir de momentos de tensión y enfado, sin que eso defina por completo a una persona. Con sus palabras, Adrián Gordillo intenta cerrar un capítulo incómodo y dejar claro que, detrás del titular llamativo, hay una historia que, según él, ha sido malinterpretada.

