El trauma de Karmele Marchante: «Mi padre me pegaba cuando hablaba catalán»

Karmele Marchante vuelve a la televisión tras años alejada del foco mediático. Su regreso coincide con la revisión de una vida marcada por la dureza de su infancia y la represión familiar. Una historia personal que explica muchas de sus decisiones posteriores.

Karmele Marchante en un programa. (Foto: YouTube)
Karmele Marchante en un programa. (Foto: YouTube)

Karmele Marchante vuelve a la televisión después de años alejada del foco mediático y lo hace dispuesta a mirar de frente su pasado y a explicar cómo ha logrado reconstruirse tras una etapa personal y económica especialmente dura. Este viernes reaparece en el programa ‘¡De Viernes!’, en Telecinco, un regreso muy esperado que no solo marca su vuelta a un plató, sino también la recuperación de una voz que durante décadas fue inconfundible en la pequeña pantalla. Con motivo de esta reaparición, sale de nuevo a la luz uno de los capítulos más dolorosos de su biografía: una infancia marcada por la represión, el miedo y la ausencia total de afecto.

La historia de Karmele Marchante

El trauma de Karmele Marchante: "Mi padre me pegaba cuando hablaba catalán"

Nacida en Tortosa, Karmele Marchante nunca ha tratado de suavizar los recuerdos de su niñez. Al contrario, los ha descrito en numerosas ocasiones como una etapa profundamente triste, pese a haber crecido en una casa grande, situada en la calle Sant Blai, y en una familia con cierta estabilidad material gracias al negocio que regentaba su abuela, la conocida Casa Barrobés. Nada de eso, sin embargo, logró compensar una infancia sin vínculos emocionales, sin celebraciones y sin el calor que suele asociarse a esos primeros años de vida. Ella misma lo resumió de forma contundente al recordar que “no tenía amigas, no había cumpleaños, ni regalos, ni infancia”, una frase que condensa la soledad que la acompañó durante ese periodo.

El núcleo de ese trauma tiene un nombre claro: su padre. Militar de ideología franquista, su figura estuvo asociada desde muy pronto a la autoridad más rígida y al miedo constante. Según ha relatado la propia periodista, nunca llegó a adaptarse a Tortosa ni a su entorno cultural, y mostraba un rechazo absoluto hacia todo lo que tuviera que ver con la lengua catalana. Ese rechazo se tradujo en episodios de violencia física que Karmele ha denunciado públicamente sin ambigüedades, asegurando que recibía golpes cuando su padre la escuchaba hablar catalán con sus compañeras del colegio. Una represión que iba mucho más allá del idioma y que terminó por erosionar cualquier atisbo de relación sana entre ambos.

Pero si algo subraya Marchante cuando recuerda a su padre no es solo la violencia, sino la ausencia total de afecto. No hubo gestos de cariño, ni palabras de apoyo, ni reconocimiento alguno. Ella misma ha explicado que nunca recibió una muestra de estima, una carencia emocional que dejó una huella profunda y que influyó decisivamente en su forma de entender la autoridad, la libertad personal y la necesidad de reivindicar una identidad propia. Esa relación rota desde la infancia acabaría siendo uno de los motores de su posterior compromiso político y social, así como de su posicionamiento público como activista.

El traslado a Barcelona supuso un cambio de escenario, pero no un alivio inmediato. De vuelta con sus padres, Karmele pasó por entornos religiosos vinculados al Opus Dei, una experiencia que tampoco encajó con su carácter ni con su inquietud intelectual. Aquella etapa fue breve y quedó atrás cuando entró en contacto con los movimientos contraculturales y políticos que comenzaban a emerger con fuerza, y que le ofrecieron por primera vez un espacio de pertenencia y de pensamiento crítico.

Karmele Marchante, una vida de película

Karmele Marchante en 'Sálvame'. (Foto: YouTube)
Karmele Marchante en ‘Sálvame’. (Foto: YouTube)

Desde muy joven, Marchante demostró un talento especial para las letras, lo que la llevó a estudiar Periodismo en la Universidad de Navarra, entonces la única universidad privada donde se impartía la carrera y también ligada al Opus Dei. Sin embargo, su creciente implicación en el activismo político y social terminó chocando frontalmente con la institución. Ese enfrentamiento acabó con su expulsión, obligándola a continuar sus estudios en Barcelona, un golpe duro que, lejos de frenarla, reforzó su determinación de seguir adelante por su propio camino.

Fue en ese proceso de ruptura cuando tomó una decisión simbólica y profundamente personal: dejar atrás su nombre de nacimiento, Carme, y adoptar el de Karmele, su versión en euskera. No se trató de un simple cambio nominal, sino de una declaración de intenciones, un gesto de afirmación identitaria que conectaba con sus convicciones políticas, culturales y vitales. A partir de ahí comenzó a construirse la figura pública que, años después, se convertiría en uno de los rostros más reconocibles y polémicos de la televisión española.

Ahora, tras una grave ruina económica derivada de un matrimonio fallido y después de un accidente que marcó un antes y un después en su vida, Karmele Marchante regresa a la televisión para contar cómo ha logrado rehacerse desde los cimientos. Su vuelta no solo reactiva el interés mediático en torno a su figura, sino que también invita a revisar una trayectoria personal atravesada por el dolor, la lucha y la necesidad constante de reinventarse. Una historia en la que la infancia traumática, la represión y la búsqueda de libertad explican, en gran medida, a la mujer que hoy vuelve a ocupar su lugar frente a las cámaras.