
Leire Martínez ha roto su silencio sobre la salida de La Oreja de Van Gogh, revelando que el verdadero motivo fue un profundo desgaste emocional y contractual. Lo que parecía un adiós amistoso se ha confirmado como una ruptura traumática por falta de transparencia, donde la posibilidad de un regreso de Amaia Montero fue la gota que colmó el vaso de una relación de diecisiete años.+1
La salida de la cantante donostiarra no fue una decisión de mutuo acuerdo, a pesar de lo que rezaba aquel frío comunicado oficial. Fuentes cercanas a la artista confirman que Leire se negó a firmar el texto porque no se sentía representada por unas palabras que escondían una negociación fallida por su lugar en el grupo. Es doloroso ver cómo una profesional que rescató a la banda en su peor momento ha terminado saliendo por la puerta de atrás debido a una gestión de egos mal resuelta.
La sombra de su predecesora siempre fue un peso difícil de gestionar, pero el punto de inflexión llegó cuando la banda comenzó a planear movimientos estratégicos sin consultarla. Este ninguneo profesional provocó que Leire tomara la decisión de priorizar su salud mental frente al éxito comercial, rompiendo un vínculo que ya era puramente administrativo. La Oreja de Van Gogh ha perdido su voz, y lo que es peor, parece haber perdido también la sintonía con su propia historia.
La cláusula de la discordia que dinamitó el grupo
El verdadero detonante de la ruptura fue la propuesta de un nuevo contrato que limitaba la autonomía de la cantante. Los músicos de la banda intentaron blindar el nombre del grupo ante la inminente gira de reunión con Amaia, algo que Leire interpretó como una falta de respeto a su trayectoria y a su entrega incondicional. No era una cuestión de dinero, sino de reconocimiento y de no ser tratada como una «vocalista de alquiler» tras casi dos décadas al frente.+1
Este conflicto contractual sacó a la luz las costuras de un grupo que, de puertas para afuera, vendía una armonía inexistente. La realidad es que la comunicación entre los cuatro músicos y Leire se había reducido al mínimo, convirtiendo las giras en un ejercicio de supervivencia emocional constante. Al final, la negativa de Martínez a aceptar unas condiciones humillantes fue lo que precipitó el anuncio que conmocionó a los fans de toda España y Latinoamérica.
El factor Amaia Montero: una vuelta nunca confirmada
Durante meses, los rumores sobre un concierto especial de Amaia Montero con la banda sobrevolaron cada entrevista de Leire. La artista tuvo que soportar preguntas incómodas mientras sus propios compañeros mantenían un silencio ambiguo que alimentaba el morbo mediático. Esta falta de respaldo público por parte de Pablo, Álvaro, Diego y Xabi fue percibida por la cantante como una traición personal que hacía imposible seguir compartiendo escenario.
La «reina del pop» original nunca llegó a confirmar su regreso permanente, pero su mera sombra fue suficiente para desestabilizar el ecosistema de la banda. Para Leire, no se trataba de competir con el pasado, sino de exigir un presente donde su identidad no fuera cuestionada cada vez que Amaia publicaba una foto en redes sociales. El grupo prefirió coquetear con la nostalgia antes que proteger la estabilidad de quien les había dado sus últimos grandes éxitos.
Un comunicado sin firma y una traición televisada
Resulta revelador que el anuncio de la marcha de Leire se publicara un lunes por la tarde, de forma unilateral y sin su consentimiento previo. Este gesto fue la confirmación definitiva de que la relación estaba rota más allá de lo profesional, evidenciando una gestión de crisis totalmente desastrosa por parte de la agencia del grupo. Leire se enteró del momento exacto de la publicación casi al mismo tiempo que el resto de los mortales, lo que ella calificó en privado como una deslealtad.
La reacción de los fans no se hizo esperar, volcándose mayoritariamente con una Leire que siempre demostró una elegancia impecable frente a los ataques. Sin embargo, detrás de esa sonrisa en los photocalls se escondía una mujer que luchaba por no ser borrada de la foto de un grupo que ella misma ayudó a mantener vivo. La televisión y la prensa del corazón solo han hecho que confirmar lo que muchos sospechaban: el negocio se comió a la música y a la amistad.
El futuro de Leire Martínez fuera de LODVG
Ahora que el polvo se ha asentado, Leire prepara su regreso a la industria con un proyecto personal donde ella tiene el control total. Se acabó el tener que pedir permiso para ser ella misma o el tener que justificar su valía cada noche ante un público que buscaba otra cara. Su salida, aunque dolorosa, ha sido un acto de liberación necesario para una artista que todavía tiene mucho que decir por su cuenta y riesgo.
La Oreja de Van Gogh, por su parte, se enfrenta al reto de demostrar que son algo más que una marca comercial alimentada por el recuerdo de los años noventa. El público es soberano, y muchos han prometido no volver a comprar una entrada si el grupo no ofrece una explicación convincente sobre su trato a Leire. La música española ha perdido a una de sus formaciones más estables, pero ha ganado a una solista con una historia de superación que apenas está comenzando.

