Adiós a Irene de Grecia: el último suspiro de la confidente fiel en Zarzuela

La muerte de la princesa Irene de Grecia supone el final de una era de lealtad absoluta y discreción en el seno de la familia real española.

Arropada por su hermana, la reina Sofía, su partida deja un vacío irreparable en el palacio madrileño, donde residía desde hacía décadas como el pilar emocional más sólido de la emérita.

Irene de Grecia
Irene de Grecia y la reina Sofía juntas en un evento. Fuente: Agencias

La princesa Irene de Grecia ha fallecido este 15 de enero de 2026 en el Palacio de la Zarzuela a los 83 años de edad. La noticia ha caído como una losa sobre el ánimo de doña Sofía, quien no se separó de su lado durante sus últimas horas. Aunque la salud de la princesa se había deteriorado gravemente en las últimas semanas, el fallecimiento se produjo de forma serena tras una larga lucha contra una enfermedad neurodegenerativa. La Casa Real ha confirmado que el deceso ocurrió a las 11:40 de la mañana, marcando un día de luto oficial en la agenda de los Reyes.

Esta pérdida no solo afecta a los círculos monárquicos, sino que toca profundamente a sus ocho sobrinos, quienes la adoraban. Se sabe que Felipe VI mantenía un vínculo especial con ella, valorando siempre ese consejo honesto y alejado de las etiquetas rígidas que solía brindar. Su ausencia se sentirá especialmente en los veranos de Marivent, donde su figura menuda y su risa espontánea eran ya parte del paisaje tradicional de Palma de Mallorca.

Un proceso degenerativo que apagó su brillo intelectual

Durante los últimos dos años, el avance del Alzheimer y ciertos problemas de deglución habían mermado su capacidad de interacción social. A pesar de los esfuerzos médicos, el deterioro cognitivo de Irene de Grecia se volvió irreversible, obligándola a retirarse de la vida pública que tanto compartía con su hermana. Fue doña Sofía quien decidió cancelar sus últimos compromisos para actuar como enfermera y confidente en este tramo final del camino.

La princesa, que siempre fue una mujer de una agilidad mental envidiable, tuvo que enfrentarse al silencio de los recuerdos. Aun así, dicen los que la cuidaban que la música de Bach seguía calmándola en sus momentos de mayor desorientación. Esta conexión espiritual fue su refugio hasta el último aliento, permitiéndole mantener una paz interior que siempre fue su seña de identidad frente a las tormentas familiares.

La princesa bohemia que prefirió la sombra al trono

Irene fue siempre la nota discordante y fascinante de la familia real helena, una mujer que nunca buscó el protagonismo mediático. Mientras otros se preocupaban por el linaje y el protocolo, la hermana de doña Sofía vestía zapatos de mercadillo y se sumergía en estudios de arqueología y filosofía hindú. Su estancia en la India durante los años 60 moldeó un carácter austero y vegetariano que mantuvo incluso viviendo en los lujos de la Zarzuela.

Nunca llegó a contraer matrimonio, una decisión que algunos atribuyen a un antiguo desengaño amoroso y otros a su propia independencia. No obstante, ella siempre bromeaba diciendo que resultaba muy difícil vivir con alguien tan peculiar y entregada a sus propias inquietudes espirituales. Esa soltería no significó soledad, pues se convirtió en el «comodín» emocional para todos los Borbón, escuchando secretos que nunca verán la luz.

El último viaje de regreso a sus raíces en Tatoi

Tal y como era su deseo expreso, los restos mortales de la princesa Irene descansarán finalmente en el cementerio real de Tatoi, en Grecia. Este regreso a casa la unirá para siempre con sus padres, los reyes Pablo y Federica, y con su hermano Constantino. Antes del traslado, se celebrará un funeral en Madrid para que la familia real española y sus amigos más cercanos puedan rendirle un último y merecido tributo.

El protocolo para la repatriación del féretro ya está en marcha, coordinado estrechamente entre las casas reales de España y Grecia. Es probable que la reina Sofía encabece la comitiva fúnebre hacia Atenas, cerrando así un ciclo de hermandad que ha durado más de ocho décadas. Será una despedida sobria, tal como ella vivió, sin grandes alardes pero con el respeto de quienes supieron valorar su autenticidad.

Un legado de solidaridad más allá de las fronteras

Más allá de su papel como «hermana de», Irene de Grecia deja un legado tangible a través de su fundación, Mundo en Armonía. Su labor humanitaria llevó ayuda a miles de personas en situaciones precarias, demostrando que su compromiso con los desfavorecidos era real y no una simple pose institucional. Su visión del mundo, profundamente influenciada por la espiritualidad oriental, la llevó a donar gran parte de su patrimonio personal a causas sociales.

Incluso en sus años de retiro, supervisaba con interés el destino de los fondos destinados a proyectos de desarrollo en África e India. La princesa demostró que se puede pertenecer a la realeza y mantener los pies en la tierra de forma genuina. Hoy, el Gotha pierde a una de sus figuras más atípicas, pero su ejemplo de humildad y lealtad incondicional perdurará en la memoria de la institución.