
Rocío Flores ha roto su silencio con una de las entrevistas más duras y reveladoras de su vida. Su paso por el plató de ¡De Viernes! no solo generó una enorme expectación, sino que dejó al descubierto el profundo impacto personal y psicológico que tuvo en ella la emisión del documental de su madre, Rocío Carrasco, Contar la verdad para seguir viva. Cinco años después, la joven decidió hablar con crudeza, sin filtros y con una frase que resume el límite al que llegó: “O me iba del país o cometía una locura, pero opté por sobrevivir”.
Rocío Flores ha roto su silencio

Desde el inicio de la conversación con Santi Acosta, Rocío se mostró visiblemente afectada, pero firme en su relato. Reconoció que el documental supuso un antes y un después en su vida, no solo por lo que se contó, sino por la forma en la que fue señalada públicamente. “Me ha destrozado la vida”, afirmó con rotundidad, dejando claro que las consecuencias de aquella exposición mediática siguen presentes hoy, tanto a nivel emocional como personal. Según explicó, desde entonces se ha vuelto mucho más introvertida y arrastra secuelas que aún no ha conseguido sanar del todo.
Rocío recordó con especial dolor el momento en el que vio a su madre relatar en televisión el episodio que terminó de romper su relación. Aseguró que aquel instante fue devastador y que sintió cómo todo se derrumbaba a su alrededor. “Se me cayó el mundo encima”, confesó, explicando que nunca imaginó que esa historia se contaría de esa manera y con ese alcance. De hecho, dejó claro que, si algún día tiene hijos, jamás les haría pasar por algo parecido, subrayando el daño irreversible que, en su opinión, se causó.
La joven también quiso aclarar que su vida no se reduce a un solo episodio, aunque ese capítulo haya marcado su trayectoria. Reconoció que sabía desde hacía tiempo que su madre podría hablar de ella públicamente, pero nunca pensó que sería a través de un documental que, según su versión, la dibujó como alguien que no es. Aun así, se mostró orgullosa de haber seguido adelante y de haber demostrado con el tiempo que su realidad va mucho más allá de lo que se contó en pantalla.
Uno de los momentos más impactantes de la entrevista llegó cuando Rocío explicó que intentó intervenir en directo tras la emisión del primer capítulo del documental. Según relató, su intención era tender puentes con su madre y dar su versión de los hechos, pero aseguró que no se lo permitieron. “Literalmente me censuran”, afirmó, visiblemente dolida. En su opinión, mantenerla en silencio era clave para el éxito del formato y para evitar que se desmontara el relato que se estaba construyendo.
Rocío Flores ha sido muy directa

Rocío no dudó en señalar que aquel silencio forzado fue uno de los golpes más duros de todo el proceso. Aseguró que se priorizó el beneficio económico frente al impacto humano y que nadie quiso escuchar a una persona que, al otro lado del teléfono, pedía desesperadamente poder hablar con su madre. “Ganar el dineral que ganaron fue más importante que escucharme”, sentenció, evidenciando la sensación de indefensión que vivió en aquellos momentos.
El relato se volvió aún más crudo cuando explicó el estado mental en el que quedó tras la emisión del documental. Reconoció que llegó a un punto límite en el que apenas veía salidas. “Tenía pocas opciones: o me iba del país, o cometía una locura, o me encerraba en mi casa y no volvía a salir”, confesó entre lágrimas. Finalmente, decidió sobrevivir, aunque eso significara vivir durante mucho tiempo en “piloto automático”, avanzando sin fuerzas, pero sin rendirse.
Para Rocío, lo vivido fue lo peor que le ha pasado nunca, una experiencia que comparó con una traición doble y una herida profunda que todavía sangra. Aseguró que, si su madre hubiera querido protegerla a ella y a su hermano David, nunca habría actuado de esa forma. Según explicó, se sintió señalada públicamente, juzgada y estigmatizada, a pesar de no haber tenido jamás problemas con la ley y de llevar una vida discreta.
La entrevista también abordó el reencuentro entre madre e hija en los juzgados, producido tras las acciones legales que Rocío decidió emprender. Un cara a cara que describió como frío y desconcertante. Relató que saludó a su madre y que, pese a estar a muy poca distancia, la sensación fue la de encontrarse con una desconocida. Aquella escena removió emociones que creía enterradas y le dejó una profunda sensación de vacío.
Rocío explicó que salir de aquel juzgado fue devastador y que no logró comprender la actitud de su madre durante ese encuentro. Aseguró que hay muchas heridas que siguen abiertas y que todavía no ha conseguido sanar. “Salí de allí destruida”, reconoció, describiendo aquel momento como surrealista y emocionalmente incomprensible.
Con esta entrevista, Rocío Flores no solo ha querido contar su versión, sino también poner palabras al dolor silencioso que arrastra desde hace años. Un testimonio marcado por el sufrimiento, la culpa, la exposición mediática y la lucha por seguir adelante cuando todo parecía perdido. Su relato, lejos de cerrar heridas, deja claro que el conflicto sigue vivo, pero también que ella eligió, pese a todo, sobrevivir.

