Florentino Fernández llevaba cuatro o cinco meses en televisión cuando Telecinco le puso nueve millones de pesetas al mes encima de la mesa. Dijo que no. Lo contó el lunes en El Hormiguero, con Pepe Navarro al lado y un documental que promocionar.
El motivo de la visita era El otro Chiquito, el documental de Movistar Plus que repasa el choque judicial entre Chiquito de la Calzada y Lucas Grijander, el personaje paródico que Flo interpretaba en Esta noche cruzamos el Mississippi. De ahí salió todo: la demanda, el juez y, de propina, la letra pequeña de un fichaje que nunca se cerró.
De tres a nueve millones en el mismo despacho
Cuando el equipo del Mississippi hizo las maletas hacia Antena 3, Maurizio Carlotti decidió desmontar la plantilla antes de que se marchara sola. La táctica fue la de siempre: ofertas individuales. Picaron todos los guionistas menos uno, Emilio de Felipe, al que Flo sigue dando las gracias en público. Lo que ofrecían era dos millones de pesetas por no hacer nada. El objetivo no era el equipo. Era vaciarle la casa a Navarro.
A Florentino le llamaron al despacho y allí arrancó la subasta: tres millones, luego más, luego más, hasta los nueve mensuales. Al cambio, unos 54.000 euros al mes. Cien millones de pesetas al año. ‘Yo estaba aturdido’, recordó. Bajó a ver a su jefe y le soltó la cifra. Navarro, en vez de pelearse, le dijo que la cogiera. Y Flo se quedó molido.
Se fue a su pueblo a pensarlo con sus padres. Entonces sonó el teléfono: un millón de pesetas al mes, nueve garantizados al año. Aceptó. Se compró un coche de 8,5 millones de pesetas, unos 51.000 euros, y a los tres meses les echaron a la calle. ‘Llevo 30 años viviendo del éxito de aquello, es acojonante’, resumió entre risas. Y aquí va el detalle que casi nadie subraya: Navarro le pagó el sueldo sin programa que presentar.
En televisión la lealtad no se paga con discursos: se paga con una nómina que sigue llegando cuando el programa ya no existe.
El juez le pidió que imitara a Chiquito y tuvo que agachar la cabeza
La segunda mitad de la entrevista fue para la demanda. Lucas Grijander nació como parodia, no como imitación: un país llamado Chiquitistán, capital Barbate, y un monarca en el exilio, Chiquito I El Fistro. ‘Lo que queríamos era una parodia general de España’, explicó Navarro. Chiquito de la Calzada lo vio de otra manera y llevó el asunto a los tribunales; la ficha del humorista está en su entrada de Wikipedia para quien quiera poner fechas a todo aquello.
Flo tenía 23 años. ‘Me pilló con 23 años, me lo dijo Pepe y le dije: ¿nos? Este programa es tuyo’, recordó. Navarro matizó que nunca hubo juicio como tal, solo fase declaratoria. El careo, eso sí, tuvo su gracia: el juez le pidió que imitase a Chiquito en la sala y el humorista tenía que agachar la cabeza para no reventar de risa mientras enumeraba ‘cobarde fistro pecador’, ‘la vaca cobarde de la pradera’, ‘el lago negro y el lago blanco’.
Flo entró con las manos sudando y salió con la sensación de haber vivido un sketch. Estuvo a punto de decirle al magistrado que no le veía la gracia. No lo hizo. Cosas que pasan en los juzgados.
Lo que este episodio cuenta de verdad sobre cómo se ficha en televisión
La anécdota es divertida, pero debajo hay un manual de industria. Carlotti aplicó el método clásico: cuando no puedes retener al presentador, desmontas su equipo a base de talonario y dejas el proyecto nuevo cojo antes de estrenarlo. Hoy las cifras no se dicen en pesetas, se dicen en exclusividades de dos años, contratos de imagen, y cláusulas que atan al empleado antes que al formato. El fondo es el mismo.
Lo verdaderamente raro del caso es la segunda parte: un jefe que iguala una oferta que no puede pagar, que promete por escrito lo que no tiene y que cumple aunque el programa se caiga a los tres meses. Eso hoy no lo firma nadie.
También es verdad que la Telecinco de aquellos años competía a golpe de chequera y que aquel mercado no se parece en nada al actual, con las cadenas mirando cada euro y los fichajes anunciados a bombo y platillo antes de tener contrato firmado.
Treinta años después, Florentino sigue viviendo de aquel personaje y de aquel ‘no’. Y el documental reabre una pregunta incómoda: cuántos de los que se quedaron entonces por dos millones de pesetas habrán visto estas declaraciones con una sonrisa torcida. La próxima vez que una cadena presuma de fichaje, conviene mirar quién se queda por el camino.
El Termómetro de Cotilleo
- 🌡️ Nivel de drama: 6/10. Ni una lágrima ni un portazo: puro archivo televisivo con una cifra que escuece treinta años después.
- 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana Florentino, que sale como el empleado fiel; pierde el método Carlotti, retratado como una subasta de despacho.
- 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: En cuarenta y ocho horas, más de un presentador contará su propia contraoferta. Estas cosas se contagian.







