Matrimonios exprés del mundo del corazón español: cuando el amor duró menos que los preparativos

Hay bodas que se recuerdan más por el despliegue que por la convivencia que llegó después. Esta lista reúne seis enlaces de la crónica social española que compartieron portada, invitados y una vida en común bastante más corta que la expectación levantada: desde el «sí, quiero» de Isabel Pantoja y Paquirri en la Basílica del Gran Poder sevillana el 30 de abril de 1983, que apenas pasó del año, hasta el de Raquel Mosquera y Pedro Carrasco en Alosno (Huelva) el 31 de agosto de 1996, con misa rociera incluida.

El criterio de selección no es el nivel de fama ni el dramatismo del desenlace, sino la desproporción entre la pompa del enlace y la duración real del matrimonio. Varias de estas bodas se precipitaron por un embarazo, como las de Mar Flores y Carlo Costanzia (22 de mayo de 1992) y Rocío Carrasco y Antonio David Flores (31 de marzo de 1996, en la finca Yerbabuena, con unas 800 personas invitadas y 150 periodistas acreditados). Otras se rodearon de la parafernalia aristocrática y del papel cuché, como la de Isabel Preysler y Carlos Falcó en 1980.

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Rocío Carrasco y Antonio David Flores: boda, hijos y guerra televisada

La boda se celebró el 31 de marzo de 1996 en la finca Yerbabuena, con unas 800 personas invitadas y 150 periodistas acreditados, y el factor que la precipitó fue el embarazo: Rocío Carrasco tenía 18 años, Antonio David Flores 20, y la novia estaba embarazada de dos meses. Rocío Jurado no quería ese enlace y evitó cruzarse con Pedro Carrasco durante la ceremonia. La primera hija de la pareja, Rocío, nació el 13 de octubre de ese mismo año, y el segundo, David, a finales de 1998. La ruptura se hizo pública el 30 de septiembre de 1999, después de que el propio Flores dejara la Guardia Civil y de que fuera condenado en 1997 por quedarse con 50.000 pesetas de una multa de tráfico. Entre el «sí, quiero» y la separación pasaron tres años y medio; los preparativos, en cambio, se resolvieron en unos ocho meses desde el anuncio.

El matrimonio se acabó, pero el vínculo mediático no: desde entonces convirtieron su divorcio en el culebrón más longevo de la televisión española, con Flores instalado como tertuliano (Tómbola, Crónicas marcianas, Sálvame) y Rocío Carrasco en silencio durante años. En 2003 él obtuvo la custodia compartida y en 2021 ella rompió ese silencio con la docuserie Rocío, contar la verdad para seguir viva, que se estrenó con un 33,2% de cuota y 3,7 millones de espectadores y le costó a él su salida de Telecinco. La guerra judicial sigue viva: en febrero de 2025 Flores quedó absuelto de la querella por estafa procesal e insolvencia que Carrasco presentó en 2015, en mayo reclamó casi 5,8 millones de euros a ella, Mediaset y varios rostros de la cadena, y en diciembre Mediaset retiró las dos docuseries tras la condena a sus productores por revelar datos de la hija menor. Los dos hijos viven con el padre y no tienen relación con la madre.