El desfile de Victoria’s Secret 2026 regresa a Los Ángeles con Rosie Huntington-Whiteley y Gigi Hadid

Rosie Huntington-Whiteley e Iris Law encabezan el backstage de una producción que recupera el código de las rayas y el sujetador rosa. La ausencia de Romee Strijd, anunciada a última hora, empaña el relato inclusivo de la firma.

Victoria’s Secret vuelve esta noche a la pasarela de Los Ángeles: Rosie Huntington-Whiteley e Iris Law mandan en el backstage.

El backstage de Rosie Huntington-Whiteley: sujetador rosa y un Booker entre las manos

La modelo británica, 39 años, ocupó una de las sillas del equipo de glamour mientras peinadores, maquilladores, y estilistas ultimaban un look que ya es la imagen de la jornada: sujetador rosa bajo uno de los vestidos de rayas icónicos de la casa. El gesto es mínimo. La lectura, enorme: la firma recupera su código más reconocible justo cuando más necesita que el público lo recuerde.

Entre bastidores, Huntington-Whiteley sostenía un libro: ‘John of John’, la novela de Douglas Stuart que este año figura entre los finalistas del Booker. Un detalle de casting cultural que dice mucho del tipo de estrella que la marca quiere proyectar en su segunda vida.

Iris Law, hija de Jude Law y Sadie Frost y una de las modelos británicas con más recorrido de su generación, apareció en el mismo backstage, animada ante las cámaras y con un conjunto rosa de sujetador y falda de seda. Después, la silla del estilista y los últimos retoques. Nada de nervios visibles.

Sobre la pasarela está previsto que desfilen Adriana Lima, Alessandra Ambrosio, Candice Swanepoel, Elsa Hosk y Barbara Palvin. La vieja guardia vuelve a sostener el cartel mientras la firma dosifica en sus canales oficiales el relato de un regreso en el que Gigi Hadid aparece como rostro de referencia de esta nueva etapa.

Victoria’s Secret ha entendido que su activo ya no es el ángel, sino la conversación que genera cada nombre que sube —o no— a la pasarela.

Romee Strijd y el casting que se rompió a siete días del desfile

La otra cara de la noche la firma Romee Strijd, 31 años y ángel de la casa entre 2014 y 2018, que esta semana contaba en TikTok, conteniendo las lágrimas, que se enteró de que estaba fuera a siete días del desfile. El motivo que le trasladaron: no encajaba en el show de este año.

Su versión tiene cronología. Pasó por el casting en Nueva York en septiembre, ante un equipo en buena parte nuevo, y durante semanas no recibió respuesta. Su nombre quedó flotando en esa lista de los quizá que en la industria se traduce en silencio.

Entrenó todo el verano, con dos hijas en casa y un cuerpo que, como ella misma explicó, ya no responde igual. Cuando por fin llegó la llamada de su agencia, IMG, la versión no cuadraba: le dijeron que ya había sido liberada, algo muy distinto a lo que le habían contado los días previos. No es un detalle menor.

Strijd ha sido explícita sobre el final: no piensa volver a presentarse a un casting de la marca. Su caso no está aislado. Frida Aasen, noruega, que desfiló en 2017 y 2018, contó en los comentarios de ese mismo vídeo que ella también se presentó y también recibió un no. Dos veteranas, dos procesos opacos, un mismo fin de semana.

En una industria que ha convertido la transparencia en argumento de marca, la opacidad del proceso resulta difícil de defender.

De la cancelación de 2019 al casting como termómetro reputacional

Victoria’s Secret no llega a esta pasarela desde la tranquilidad. El desfile desapareció del calendario en 2019, después de años de audiencias a la baja y de un debate público sobre diversidad y representación que la compañía gestionó tarde y mal. Lo que vino después fue un ejercicio de reinvención: primero un formato documental, más tarde el regreso a la pasarela física y, ahora, una producción en Los Ángeles con equipo creativo renovado. El casting se ha convertido en el nuevo termómetro reputacional de la firma.

El paralelismo útil no está en otras marcas de lencería, sino en las semanas de la moda de Milán y París, donde la lista de nombres ha dejado de ser un trámite para convertirse en un documento político. Quién abre, quién cierra, quién desaparece del cartel a última hora. Ahí se lee el discurso real de una casa. Victoria’s Secret ha aprendido la lección a medias: cuida el escaparate y descuida el proceso, que es justo lo que hoy se publica primero.

La lectura editorial es incómoda. Una marca que ha construido su segunda vida sobre la idea de comunidad y representación no puede gestionar a una veterana como un expediente que se cierra sin avisar. El daño no está en el no; está en cómo se comunica.

Las imágenes de esta noche fijarán la conversación hasta enero, cuando arranque la temporada de premios con los Globos de Oro. Entonces se verá si el nuevo Victoria’s Secret se parece al que promete su discurso. De momento, el backstage ha dejado dos titulares: uno de glamour y otro de gestión.

El Veredicto VIP

  • 📸 Imagen pública: El regreso devuelve a la firma al centro del relato pop, aunque el caso Strijd erosiona su discurso de inclusión.
  • 💎 El detalle de lujo: El vestido de rayas recuperado del archivo y el sujetador rosa componen el look más replicado del backstage angelino.
  • 🗣️ El entorno cuenta: Dos veteranas han confirmado el mismo ‘no’ opaco, y una de ellas ya ha anunciado que no volverá a presentarse.