La polémica de Kelly Clarkson con una tienda de Nueva York: la guerra de los famosos contra los pequeños negocios

La publicación de la cantante, vista por más de 40 millones de personas, desplomó la nota del comercio en Google de cinco a 3,7 estrellas. Art of Play asegura que el autómata no estaba en venta y que ofreció otra pieza de 2.000 dólares.

Kelly Clarkson condujo hasta Brooklyn por un pájaro cantor y salió con una guerra abierta contra una pequeña tienda de curiosidades.

La cantante, de 44 años, había fichado el escaparate de Art of Play en redes y se desplazó al barrio con ‘varias cosas en mente’. Al llegar, según su relato, fue mirada ‘como si no pudiera permitirme nada’ delante de un autómata cantor y danzante de 11.000 libras, unos 12.800 euros.

El dependiente le ofreció, siempre según su versión, buscarle algo ‘comparable’. Clarkson respondió con una publicación que superó los 40 millones de visualizaciones en dos días: llamó ‘idiota’ al empleado y recomendó la tienda a quien ‘disfrute siendo tratado como el personaje de Julia Roberts en Pretty Woman‘, el clásico de 1990.

El pájaro cantor de 12.800 euros que no estaba a la venta

La respuesta llegó el domingo por Instagram. El pájaro se llama Molly, vive anclado a la pared y ejerce de mascota en los espectáculos de magia que la tienda programa en un pequeño teatro al fondo del local. El autómata nunca estuvo a la venta, sostienen, y describen la jornada como ‘surrealista’ tras ser atacados por ‘ocho millones de personas que jamás han pisado la tienda’.

No calmó los ánimos. Las reseñas de una estrella inundaron Google y hundieron la nota media del negocio de un cinco perfecto, a un 3,7. Entonces los detectives de redes encontraron una foto del pájaro con una etiqueta: 15.000 dólares, unos 13.800 euros.

Ahí se rompió la tregua. Clarkson replicó para llamar ‘mentirosa’ a la tienda: ‘No solo eres grosero, también eres un mentiroso’. Art of Play matizó que Molly pertenece al creador de las máquinas, el artista Bliss Kolb, que vendería su gemelo casi idéntico por esos 15.000 dólares. Y añadieron que le ofrecieron otro autómata cantor alemán, de unos 2.000 dólares (1.850 euros), que pudo llevarse ese mismo día.

Una queja con 40 millones de testigos pesa más que la palabra de un dependiente, aunque la etiqueta del escaparate diga lo contrario.

La escena tuvo despliegue policial: los agentes acudieron al local el domingo a las 14.30 por el aviso de una persona alterada y los empleados se encerraron dentro. La tienda dice haber contactado ya con la artista para ‘aclarar el aire’.

De Demi Lovato a Binky Felstead: el patrón de la tarta gratis

El episodio no es una excepción, sino la enésima entrega de un formato recurrente. En 2021, Demi Lovato cargó contra una yogurtería helada de Los Ángeles por el exceso de productos dietéticos; la publicación desató la furia de quienes advirtieron de que pudo ‘arruinar un pequeño negocio familiar’.

Más reciente es el caso de Binky Felstead, estrella de la telerrealidad británica. El pasado mayo, la pastelera Reshmi Bennett denunció que el equipo de la influencer había pedido la tarta del tercer cumpleaños de su hijo a cambio de una mención en Instagram. Un segundo testimonio llegó de la dueña de Funfetti London, que en 2021 horneó gratis la tarta de boda y nunca vio la difusión prometida.

El detalle más incómodo fue económico. Según la pastelera, Felstead se negó a cubrir 75 libras (88 euros) de transporte porque ella ‘normalmente cobra 2.000 libras por una story y 5.000 por un post en el grid’, entre 2.340 y 5.850 euros. La exposición mediática se usó como moneda de cambio. Felstead reconoció después estar ‘completamente equivocada’ en el caso Funfetti, organizó el pago y confesó haber recibido amenazas de muerte.

Quién paga la cuenta cuando una queja tiene 40 millones de visualizaciones

La asimetría es el corazón del asunto. Una tienda de barrio sobrevive a una reseña mala; no a ocho millones de visitas indignadas en 48 horas. El termómetro lo dio el propio local: de cinco estrellas a 3,7 en un fin de semana, más un comunicado y una llamada para recomponer la relación. En el caso de Felstead el conflicto era por no pagar; aquí, por sentirse humillada.

Conviene matizar que la tienda tampoco actuó con total transparencia. Si Molly no estaba en venta, la etiqueta de 15.000 dólares junto al autómata invita a pensar lo contrario, y ese detalle sostuvo la versión de la cantante. Nadie discute que Clarkson fuera mal atendida; se discute si el altavoz de una estrella es proporcionado para ajustar cuentas con un dependiente.

El desenlace sigue abierto. Art of Play dice haber tendido la mano y espera poder reírse del malentendido algún día. Clarkson no ha rectificado ni ha borrado la publicación original. La próxima temporada de premios la devolverá a los micrófonos, y esta historia será la primera pregunta.

El Veredicto VIP

  • 📸 Imagen pública: Clarkson sale de la refriega con su fama de franqueza intacta y una sombra de abuso de altavoz difícil de sacudir.
  • 💎 El detalle de lujo: Molly, autómata cantor de espectáculo, está tasado en 15.000 dólares (unos 13.800 euros) aunque nunca estuvo a la venta.
  • 🗣️ El entorno cuenta: La tienda insiste en que ya ha tendido la mano; la cantante, por ahora, no ha rectificado ni retirado su publicación.