Alejandra Prat ha puesto el término ‘nepo baby’ encima de la mesa y ha salido del debate con la cabeza muy alta. La colaboradora de televisión lo tiene claro: llevar el apellido de Joaquín Prat no le quita identidad.
Lo ha contado ella misma en una entrevista con Diez Minutos, la misma cabecera que lleva semanas dándole vueltas a la etiqueta. Y lo ha hecho sin victimismo, sin aspavientos y con un argumento que, la verdad, cuesta rebatir.
Lo que Alejandra Prat responde cuando le cuelgan la etiqueta
‘Ahora lo llaman nepo baby. Antes bastaba con decir hija de’, explica la periodista, con años de cámara a la espalda. ‘La expresión alude a quienes tenemos vínculos familiares que pueden facilitar oportunidades profesionales. Pero una etiqueta no cuenta una vida ni explica el trabajo que hay detrás de una carrera’.
Ahí está el meollo del asunto. Porque el debate nunca ha sido si el apellido ayuda —ayuda, faltaría más—, sino si eso descalifica de oficio a quien lo lleva. Y su respuesta es un no bastante bien argumentado.
Ser hija de Joaquín Prat no ha sido nunca un peso, asegura, sino ‘una grandísima suerte’. Su hermano Joaquín ha reivindicado lo mismo cada vez que ha tenido un micrófono delante, y en Mediaset presenta un formato que recupera el nombre del concurso que hizo famoso a su padre.
Y llega el matiz que casi nadie se molesta en poner sobre la mesa: ‘Claro que un apellido conocido puede abrir puertas. Reconocerlo no resta valor al esfuerzo: obliga a distinguir entre una oportunidad y lo que cada uno hace con ella’. Traducción libre: el enchufe te da la primera reunión, no la carrera entera.
El apellido abre la primera puerta, sí. Lo que no hace es quedarse dentro a trabajar cada mañana por ti.
El término que viralizó Belén Esteban y que la RAE todavía no recoge
Conviene recordar de dónde viene todo el ruido. Fue Belén Esteban quien puso la expresión en circulación hace unas semanas, en pleno directo de ‘¡De viernes!’, al asegurar que su hija no es una nepo baby y que Julia Janeiro sí lo es. Eso sí, con matiz incluido: ‘No es un insulto’.
La palabra no aparece aún en el diccionario, pero nace de otra que lleva ahí toda la vida. El nepotismo que define la Real Academia Española es la utilización de un cargo para colocar a familiares o amigos al margen del mérito. Lo de ‘baby’ solo añade la coletilla generacional.
Y el detalle es que aquí no hay cargos que se heredan: hay audiencias que se conquistan. O no. Ese es el único examen que no se aprueba con apellido.
Nepotismo de toda la vida con una etiqueta nueva
Lo llamativo es que el fenómeno no tiene nada de novedoso. Hay sagas de médicos, de abogados, de hosteleros, y de músicos en las que los hijos acaban haciendo lo que vieron hacer en casa, y a nadie se le ocurre exigirles un currículum blindado antes de dejarles trabajar. La propia Alejandra Prat lo resume así: ‘Compartir una vocación también puede nacer de lo que vemos y vivimos en casa’.
En televisión, en cambio, el apellido pesa más porque lo que se vende es la cara. Y toca ser honestos: el apellido coloca, pero no sostiene un directo de tres horas. Quien no aguanta el plano, cae. Ha pasado mil veces, con apellido y sin él, como se ve repasando la historia del nepotismo y sus siglos de recorrido.
Su conclusión es difícil de rebatir: ‘Llevar con orgullo el apellido de mi padre y tener una identidad profesional propia son dos cosas compatibles. Nunca he sentido que, para ser Alejandra, tuviera que dejar de ser Prat’.
Queda por ver si esta respuesta cierra el asunto o lo reabre durante un par de semanas más. En este sector, las etiquetas caducan rápido y las portadas, todavía más.
El Termómetro de Cotilleo
- 🌡️ Nivel de drama: 5/10. Hay reflexión, portada y debate, pero nadie ha roto un plato todavía.
- 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana Alejandra Prat, que se queda con el argumento; pierde la etiqueta, que sale del debate bastante desgastada.
- 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: Antes de un mes, otro apellido ilustre recogerá el guante y el término volverá a ser tendencia.







