Imperios ocultos: celebridades de nuestro país que ganan más con sus negocios discretos que con su carrera artística

La fama abre puertas, pero no siempre es la fama lo que paga las facturas. En España hay un grupo de rostros conocidos cuyo patrimonio se sostiene, sobre todo, en sociedades, marcas licenciadas y activos que poco tienen que ver con los focos. Perfumes, vino, ladrillo, producción audiovisual, publicidad o hostelería: negocios discretos, a menudo gestionados por terceros, que con el tiempo han acabado pesando más en sus cuentas que los cachés, las regalías o los contratos televisivos.

El criterio de esta lista es ese: figuras del espectáculo español con actividad empresarial documentada y, como mínimo, equiparable a sus ingresos artísticos. Se han priorizado casos con empresas identificables, participaciones o patrimonios verificables, y se han descartado aquellos en los que la opacidad societaria impide confirmar nada. El ejemplo más nítido es Julio Iglesias, único artista del ranking de los 100 españoles más ricos de 2025 que elabora Forbes, con unos 630 millones de euros estimados.

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Risto Mejide: Aftershare, la agencia de publicidad que financia su carrera televisiva

Risto Mejide se hizo famoso como el jurado más ácido de la televisión, pero su verdadero negocio está detrás de las cámaras. En abril de 2007, el mismo año en que debutó en Operación Triunfo, fundó junto a Marc Ros la agencia After —entonces Aftershare.tv—, especializada en branded content, estrategia de marca y comunicación corporativa. Casi dos décadas después, esa firma factura cerca de 11 millones de euros anuales, con unos 95 empleados repartidos entre Barcelona, Madrid y Valencia y una cartera de clientes en la que figuran Mercadona, Naturgy, Agbar o BBVA. La comparación con sus ingresos televisivos es elocuente: en 2015, cuando presentaba Viajando con Chester, su caché por programa rondaba entre 15.000 y 20.000 euros, según publicó El Mundo. Un sueldo notable, pero muy lejos de la escala de su sociedad publicitaria.

El mérito de After no es solo su tamaño, sino haber sobrevivido a años de números rojos hasta convertirse en el motor económico de su fundador. La agencia encadenó pérdidas en 2015 (294.000 euros) y 2016 (19.000) antes de dar la vuelta a las cuentas en 2017, con 80.200 euros de beneficio sobre 3,04 millones de facturación, y de consolidarse en 2018 con 159.710 euros de ganancia y 4,27 millones de ingresos. En 2025 el grupo francés Dékuple adquirió el 51% de la compañía, que mantiene su facturación en torno a los 11 millones y un ebitda de entre el 8% y el 10%. Mejide sigue como director creativo ejecutivo y, con Ros, ha firmado campañas para Atresmedia, el Ministerio de Asuntos Exteriores o el naming de la televisión valenciana À Punt, además de una productora propia, Vodevil, desde la que produce sus programas en Mediaset.