Imperios ocultos: celebridades de nuestro país que ganan más con sus negocios discretos que con su carrera artística

La fama abre puertas, pero no siempre es la fama lo que paga las facturas. En España hay un grupo de rostros conocidos cuyo patrimonio se sostiene, sobre todo, en sociedades, marcas licenciadas y activos que poco tienen que ver con los focos. Perfumes, vino, ladrillo, producción audiovisual, publicidad o hostelería: negocios discretos, a menudo gestionados por terceros, que con el tiempo han acabado pesando más en sus cuentas que los cachés, las regalías o los contratos televisivos.

El criterio de esta lista es ese: figuras del espectáculo español con actividad empresarial documentada y, como mínimo, equiparable a sus ingresos artísticos. Se han priorizado casos con empresas identificables, participaciones o patrimonios verificables, y se han descartado aquellos en los que la opacidad societaria impide confirmar nada. El ejemplo más nítido es Julio Iglesias, único artista del ranking de los 100 españoles más ricos de 2025 que elabora Forbes, con unos 630 millones de euros estimados.

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Antonio Banderas: el actor que factura más con vino y perfumes que con Hollywood

Si hay un negocio que sostiene de verdad el imperio de Antonio Banderas, ese es el de las fragancias. Su relación con el grupo catalán Puig arrancó en 1997, cuando cedió su nombre para una marca que hoy sigue en el catálogo de la compañía: Puig explota las licencias Banderas y Adolfo Domínguez junto a firmas propias como Carolina Herrera, Rabanne o Jean Paul Gaultier. En 2004, la firma ya movía unos 50 millones de dólares solo en Europa y Latinoamérica, según datos del sector, y en 2018 Puig celebraba dos décadas de la fragancia con presencia en 95 países y más de 100 millones de euros en ventas. Títulos como Blue Seduction, The Secret o King of Seduction han convertido el perfume en un ingreso recurrente durante más de 25 años, con especial fuerza en Latinoamérica, Estados Unidos y Europa del Este. Su caché en Hollywood tocó techo con los 12 millones de dólares de The Body (2001), una cifra que un actor de su perfil difícilmente vuelve a repetir hoy.

El capítulo del vino es más agridulce de lo que sugiere la etiqueta. En 2009 compró el 50% de Anta Bodegas, en Villalba de Duero (Burgos), que pasó a llamarse Anta Banderas: 235 hectáreas en Ribera del Duero y capacidad para 1,5 millones de botellas al año. El proyecto se torció: la sociedad entró en concurso de acreedores en 2012 y en 2019 el grupo riojano CVNE se hizo con el 80% del capital. Donde los números sí cuadran es en la hostelería malagueña. Es accionista de Bodegas El Pimpi desde 2017, sociedad que superó los 17,2 millones de euros de facturación en 2024, con cerca de 1,75 millones de beneficio y unos 240 empleados, y que en 2024 abrió su segunda sede en el Puente Romano de Marbella. A eso se suma el Grupo Tercer Acto, con restaurantes como Doña Inés, Atrezzo o La Pérgola del Mediterráneo, un negocio que él mismo describe de márgenes finos y que tardó tres años en dar resultados positivos. Con todo, su patrimonio se estima en torno a los 50 millones de euros.

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