La crisis de Telecinco sin fondo: los fracasos que Mediaset no consigue tapar

El daytime de la cadena encadena mínimos históricos y Cuatro ya le ha ganado el acumulado diario en tres jornadas de septiembre. Mediaset responde con más cambios de parrilla, que es justo lo que le ha traído hasta aquí.

La crisis de Telecinco ya no se mide programa a programa: se mide en un daytime que no consigue fidelizar a nadie. Y ahí, en la franja que va de las 9 a las 21 horas, la cadena principal de Mediaset lleva meses buscando un rumbo que no aparece.

El caso de Rueda la letra es el más sintomático. El concurso debutó con un 9,1% y, tras sus primeros veintiséis programas, se queda en una media de 550.500 espectadores y un 7,7%. El 20 de septiembre marcó su mínimo de cuota, con un 6%, y el 23 de septiembre firmó su mínimo de espectadores: 429.000. Rueda la letra promedia un 7,7% y ya ha tocado fondo en cuota.

Sobre el papel, un 7,7% no convierte un programa en un fracaso. El problema es otro: Telecinco sigue buscando ese concurso capaz de convertirse en costumbre. La cadena llegó a promocionar La Rueda, el antiguo Rosco, como una de las grandes bazas del formato, pero quien manda aquí es Pasapalabra, que lleva años demostrando que un concurso no es solo una prueba final: son los concursantes, las pruebas, los invitados y el presentador. El espectador no busca un rosco, busca una rutina.

La excepción está en Allá tú. En septiembre promedió un 10,3% compitiendo de tú a tú con Pasapalabra, y eso quiere decir algo importante: Telecinco sí sabe construir un concurso competitivo cuando acierta con la fórmula. Solo hay que repetirla.

La mañana rota, el directo cancelado y Cuatro mirando de cerca

El mal no es exclusivo de los concursos. La mañana está partida en cuatro marcas (La mirada crítica, El programa de AR, El tiempo justo y Vamos a ver) y todas cuelgan de la misma productora, Unicorn Content. Concentrar todo el poder editorial en un solo sello no fideliza: fragmenta la oferta y diluye el consumo. Los dos primeros se defienden; la segunda parte de la mañana no encuentra la manera.

Prueba de ello es el mínimo histórico de Vamos a ver del pasado 2 de octubre: 6,5% y 474.000 espectadores, a años luz del 20,7% que anotó La ruleta de la suerte en Antena 3. El directo tampoco ayuda. ¡De lunes a viernes! promedió un 8,2%, muy por encima de El verano se mueve, y aun así Telecinco decidió cancelarlo y mantener en en antena la fórmula de Ion Aramendi.

Una cadena no se hunde por un mal estreno; se hunde cuando el espectador deja de saber qué va a encontrar al cambiar de canal.

Y mientras la parrilla diaria se desangra, aparece el fenómeno que nadie esperaba: Cuatro ya no está tan lejos de Telecinco. La segunda cadena del grupo superó a la principal en el acumulado diario en tres jornadas de septiembre, con un pico de +0,9 puntos el día 8. Ahí se rompe la jerarquía interna de Mediaset y cada punto de cuota perdido sale más caro.

Lo curioso es que el músculo para los grandes acontecimientos sigue ahí: el regreso de Belén Esteban a la parrilla de Telecinco, el pasado viernes, dejó un 19,7% en De Viernes. Números de otra época. El problema es que una generalista no vive de fuegos artificiales, vive del hábito que se construye de lunes a viernes.

Por qué estrenar cada tres meses no arregla nada

Aquí conviene mirar al lado. Antena 3 construyó su fortaleza de tarde a base de paciencia: ni La ruleta de la suerte ni Pasapalabra se levantaron en un trimestre. En Telecinco, en cambio, el cromo cambia cada tres meses y cada cambio transmite la sensación de que se buscan soluciones rápidas en lugar de una programación estable. Una parrilla no se reconstruye con estrenos, se reconstruye con tiempo.

La propia cadena lo demostró con ¡De lunes a viernes!: mejoró a lo que había antes y, aun así, fue cancelado. Ese movimiento resume la contradicción. Y por debajo sigue la herida de fondo: un cambio de rumbo editorial que rompió buena parte de su ecosistema de fieles en busca de un blanqueamiento que, a día de hoy, no ha cuajado en ninguna franja. Una cosa es que falle un programa. Otra muy distinta es que empiece a fallar la estructura.

Lo que toca ahora es sencillo de decir y complicado de ejecutar: definir qué quiere ser Telecinco de 9 a 21 horas y sostenerlo más de tres meses. Los datos de octubre dirán si alguien ha aprendido la lección.

El Termómetro de Cotilleo

  • 🌡️ Nivel de drama: 6/10. Sangría silenciosa de audiencias: sin gritos, pero con mínimo histórico y todo.
  • 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana Cuatro, que ya mira de igual a igual; pierde la mañana de Telecinco, que sigue sin cuajar.
  • 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: Octubre traerá otro retoque de parrilla. Sorpresa, ninguna.