Príncipes y princesas europeos menores de 30 años: quiénes son y qué futuro aguarda a las monarquías del continente

Siete nombres comparten generación y destino. Todos pertenecen a casas reales europeas con corona vigente, todos han nacido en los últimos años del siglo XX o en lo que va de XXI y todos ocupan un puesto reconocido en el orden sucesorio de su país. El criterio de esta lista es ese: menos de 30 años y una posición oficial en la línea de sucesión, desde herederos directos como la princesa de Asturias, la de Orange o la duquesa de Brabante hasta príncipes que todavía no han cumplido la mayoría de edad.

El conjunto retrata el relevo que aguarda a las monarquías del continente. A varios de ellos les separan décadas del trono, si alguna vez llegan a ocuparlo: por delante tienen años de formación, presencia institucional y una exposición pública creciente antes de asumir cualquier responsabilidad de Estado. Mientras tanto, las casas reales conviven con un escrutinio cada vez mayor sobre su coste, su utilidad y su encaje en democracias donde la jefatura del Estado hereditaria sigue generando debate.

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Ingrid Alexandra de Noruega, princesa (Noruega, 21 años)

Ingrid Alexandra nació en Oslo el 21 de enero de 2004 y desde el 28 de agosto de 2026, cuando murió su abuelo Harald V, es la primera en la línea de sucesión al trono noruego. Es la primera heredera de la historia reciente del país amparada por la reforma constitucional de 1990, que instauró la primogenitura absoluta sin distinción de sexo: por eso se sitúa por delante de su hermano menor, Sverre Magnus, y está llamada a ser la primera mujer que reine en Noruega en más de 600 años, desde Margarita I, fallecida en 1412. Antes de asumir ese papel completó 15 meses de servicio militar (enero de 2024-abril de 2025) en el Batallón de Ingenieros de la Brigada Norte, donde sirvió como artillera de un blindado CV90, y en diciembre de 2025 recibió la insignia de honor de la Asociación Noruega de Reservistas. Estudia Ciencias Sociales en la Universidad de Sídney, con especialización en relaciones internacionales y economía política.

Su nuevo rango llega en un momento delicado para la Corona noruega. La muerte de Harald V tras 35 años de reinado puso en el trono a su padre, Haakon VIII, mientras la reina Mette-Marit se recupera de un trasplante de pulmón —padece fibrosis pulmonar crónica desde 2018— y permanece apartada de los actos oficiales. A ello se suma la condena de su hermanastro Marius Borg Høiby por dos violaciones, recurrida, y los vínculos de su madre con Jeffrey Epstein, que han erosionado la imagen de la institución. Con varios miembros activos de baja, el Palacio ha recurrido a ella: acompañó a su padre en su juramento ante el Storting el 1 de septiembre y firmó su propio compromiso con la Constitución, requisito que la habilita para ejercer como regente en ausencia del monarca. Interrumpió sus estudios en Australia en junio para estar junto a su familia y ahora cursa un intercambio en la Universidad de Oslo.