Jerry Hall abre la puerta de su mansión en Henley con un cigarrillo encendido y una copa de Whispering Angel esperando sobre un libro de Highgrove. A punto de cumplir 70 años, la supermodelo tejana recibe a Vogue España para proclamar una independencia radical que desafía todos los clichés. Su melena rubia caramelo sigue cayendo sobre unas piernas interminables; el caos chic de su salón, donde conviven un David Hockney con un Ai Weiwei, es el escenario perfecto para una conversación sin filtros.
La reina del caos chic en Henley
La casa de 11 habitaciones que heredó tras su divorcio de Rupert Murdoch es un manifiesto de maximalismo en plena era del minimalismo influencer. Estampados atrevidos, libros muy manoseados y un jarrón de Grayson Perry con caricaturas de evasores fiscales comparten espacio con el retrato que Andy Warhol le hizo en los setenta. Hall sirve pollo asado al horno y ensalada de rúcula mientras repasa una vida que ha ido de la Costa Azul a la primera fila de Dior.
“Me gusta beber vino con el almuerzo y fumar diez pitillos al día”, confiesa con la naturalidad de quien ha convertido el placer en filosofía. Antes la veían como la modosita del grupo, pero ahora es “una chica mala que hace exactamente lo mismo”. Y le funciona.
A los 70, Jerry Hall ha decidido que la perfección es el peor enemigo de la belleza: fuma, bebe vino y planta cara a cualquiera que le sugiera un retoque.
Ni bótox ni dietas: el credo de una abuela rebelde
“Deberíamos poder aparentar 70 años. ¿Por qué no?”, arquea una ceja. La modelo rechaza cualquier intervención estética con un argumento contundente: no quiere asustar a sus tres nietos. Su secreto es tan sencillo como subversivo — nada de postre, mucha agua, muchas horas de sueño y jardinería. Ni protector solar a diario, ni gimnasio.
La conversación salta de la rutina al anecdotario: su madre invirtió la indemnización de una alergia a la penicilina para que escapara a la Riviera francesa, un cazatalentos la abordó en su primer día y aquel LSD accidental le reveló su vocación frente al espejo. “Simplemente di sí, ese ha sido siempre mi lema”, repite mientras lanza la colilla a la chimenea.
La moda, reconoce, ha empezado a mirar a las mujeres maduras y ella lo celebra: “Hace años jamás me habrían llamado para un trabajo de modelo a los 70”. Pero lo que de verdad le indigna es el dictado del beis, los zapatos ortopédicos y el pelo corto azulado. “¡Tenemos que defender nuestro derecho a envejecer y seguir estando guapas!”, remata con un brío casi sufragista.
De Studio 54 a la independencia radical: el análisis
El itinerario de Jerry Hall es un mapa del glamour del último medio siglo. Compañera de Bryan Ferry, esposa de Mick Jagger, anfitriona en Studio 54 con Andy Warhol, musa de Newton y Bailey, y más tarde señora de Murdoch en una mansión con legión de guardaespaldas. Sin embargo, la entrevista de Vogue España revela a una mujer que ha hecho de la libertad su única etiqueta.
En un mundo donde las biografías se curan con láser y retoques, Hall se planta como una abuela texana que no teme al paso del tiempo. Su discurso conecta con el de otras figuras que han desafiado el edadismo en la moda, como la escritora Joan Didion o la actriz Charlotte Rampling, pero lo hace desde una ligereza festiva: entre anécdotas de Dalí, cenas de cábala con Madonna y perros gran daneses con collar de strass. “Vivía tan feliz porque no tenía dinero”, recuerda. Ahora que lo tiene, la felicidad se llama calma.
La gran pregunta que deja flotando es si veremos este invierno una explosión de sesentonas en las campañas de primavera. Porque si Jerry Hall marca tendencia, el beis tiene los días contados.
El Veredicto VIP
- 📸 Imagen pública: La entrevista consolida a Hall como icono irreverente que desafía la dictadura del retoque y abraza el envejecimiento con humor.
- 💎 El detalle de lujo: Su mansión de Henley, un caserón de 11 habitaciones con Hockney, Ai Weiwei y un retrato de Warhol, es el perfecto espejo de su caos chic.
- 🗣️ El entorno cuenta: Sus hijos, sus nietos y más de 200 amigos celebrarán su cumpleaños este verano; ella disfruta de una tranquilidad que los años de foco político no le dieron.







