La vida le debía una tregua a Lydia Lozano. Después de meses marcados por la incertidumbre, el miedo y las continuas visitas al hospital, por fin llegan noticias esperanzadoras para la periodista y su marido, Charly.
El arquitecto ya ha recibido el alta médica tras permanecer doce días ingresado y, aunque la recuperación todavía será larga, ya descansa en casa junto a la colaboradora, que no se ha separado de él ni un solo instante durante este durísimo proceso.
2Una situación complicada
La situación llegó a ser especialmente alarmante cuando una de las infecciones terminó afectando al corazón de Charly. Ese fue uno de los momentos más duros para el matrimonio, ya que comprendieron que cualquier recaída podía convertirse en una emergencia médica de enorme gravedad. Desde entonces, cada síntoma o complicación se ha vivido con máxima tensión y con visitas inmediatas al hospital para evitar consecuencias mayores.
A pesar de todo, Lydia siempre ha intentado mantenerse fuerte públicamente. La colaboradora ha seguido trabajando mientras cuidaba de su marido prácticamente las veinticuatro horas del día. Quienes la conocen aseguran que ha sido un apoyo incondicional para Charly y que no ha permitido que pierda el ánimo en ningún momento, incluso cuando el cansancio físico y psicológico empezaba a hacer mella en ambos.
Ahora, después de doce días de ingreso hospitalario, el arquitecto por fin ha podido volver a casa. Durante esta última estancia hospitalaria recibió medicación específica para combatir la persistente bacteria que tantos problemas le ha ocasionado durante los últimos meses. Y aunque todavía queda camino por recorrer, la noticia supone un auténtico alivio para Lydia, que llevaba semanas completamente desbordada por la preocupación.
“Está hasta las narices ya, pero está aguantando como un jabato”, ha comentado la periodista sobre el estado anímico de su marido. Una frase que resume perfectamente la resistencia con la que Charly está afrontando esta durísima etapa. Porque más allá del desgaste físico, la situación ha terminado convirtiéndose también en una prueba emocional enorme para ambos.
El deterioro físico del arquitecto ha sido evidente durante este tiempo. Las largas estancias en cama y las complicaciones derivadas de las infecciones provocaron que llegara incluso a perder movilidad. Lydia explicó hace apenas unas semanas que su marido había dejado de caminar y necesitaba silla de ruedas debido a la debilidad acumulada tras tantos meses de tratamiento, operaciones y rehabilitación.
“Ha dejado de andar y va en silla de ruedas”, explicó entonces con enorme tristeza. Posteriormente detalló que, tras la reconstrucción vertebral y la colocación de tornillos, Charly había comenzado poco a poco a recuperar algo de movilidad. Un pequeño avance que devolvió algo de esperanza al matrimonio, aunque las recaídas posteriores volvieron a sembrar la incertidumbre.







