El Metropolitan Museum of Art ya tiene fecha, lema y madrina para la noche más fotografiada del año. La Met Gala 2026 se celebra el lunes 4 de mayo bajo el título Costume Art, con Nicole Kidman como co-chair y la promesa de una alfombra que ya está agitando las casas de apuestas.
La cita, organizada por el Costume Institute y presidida desde hace casi cuatro décadas por Anna Wintour, vuelve a poner Manhattan en pie. Y vuelve a hacerlo con una premisa que, sobre el papel, parece sencilla y, en la práctica, abre un campo minado de interpretaciones.
Qué significa exactamente el lema ‘Costume Art’ y cómo se traducirá en el dress code
El comisariado del Costume Institute ha planteado Costume Art como una reflexión sobre la frontera entre la prenda y la pieza museística. Es decir: cuándo un vestido deja de ser ropa para convertirse en obra. La consigna para los invitados pivota sobre esa idea, con un dress code que apela al diálogo entre alta costura y arte plástico.
Se espera silueta escultórica, referencias pictóricas y la teatralidad propia de las grandes ediciones. Los estilistas de las A-Listers ya están desempolvando archivos: Schiaparelli, Thom Browne, Iris van Herpen, Maison Margiela artisanal y, sobre todo, los grandes herederos del legado Saint Laurent, en uno de los años más esperados para la maison francesa desde la llegada de Anthony Vaccarello.
La elección de Kidman como co-chair, junto a un panel anfitrión que se completará en las próximas semanas, no es casual. La actriz australiana ha sido durante dos décadas una de las clientas más fieles de la alta costura europea, con un historial impecable en alfombras rojas que la convierte en figura idónea para encarnar el lema. Conviene matizar que su última aparición en la gala, hace dos ediciones, dejó uno de los looks más comentados del decenio.
Beyoncé, Bad Bunny y los nombres que las casas de apuestas ya cotizan
Las apuestas británicas e irlandesas, que llevan años convirtiendo la Met Gala en un mercado paralelo al de los Oscar, han abierto cuotas. La favorita absoluta es Beyoncé, ausente del Met desde 2016 y a la que se cotiza vistiendo Saint Laurent en su regreso. Una elección, de confirmarse, que sería leída como un golpe sobre la mesa: la cantante lleva años trabajando con Vaccarello fuera del marco de la gala y la coincidencia con el lema parece escrita con tinta de maison.
El otro nombre fuerte es Bad Bunny, cuya última aparición rompió moldes con un Maison Margiela que tardó más de seiscientas horas de atelier. Las cuotas apuntan a un repunte sin precedentes en los apuestadores de moda, que ven en el puertorriqueño al gran disruptor del código masculino contemporáneo.
Junto a ellos, suenan Zendaya (favorita perpetua), Rihanna —si su calendario maternal lo permite—, Anne Hathaway en clave Bvlgari de archivo y la siempre impredecible Doja Cat. Fuentes próximas a Vogue apuntan a que la lista de invitados se ha cerrado con varias caras nuevas del cine independiente y un par de apariciones inesperadas del mundo del arte contemporáneo, en línea con el lema.
Por qué esta edición se medirá con la de ‘Camp’ y la de ‘Heavenly Bodies’
La Met Gala se mide a sí misma cada año con sus propios fantasmas. Costume Art aspira a colocarse a la altura de Camp: Notes on Fashion (2019) y Heavenly Bodies (2018), las dos ediciones que marcaron máximos de impacto cultural y de cobertura mediática global. La primera dio el icónico Versace de Lady Gaga con cuatro cambios en la escalinata; la segunda, el Versace dorado de Rihanna que lleva años en el imaginario.
El paralelismo no es gratuito. Las ediciones más recordadas son las que ofrecen al diseñador un margen interpretativo amplio sin caer en la abstracción ininteligible. Costume Art juega en ese terreno: lo bastante claro para que un atelier sepa qué pedir a su director artístico, lo bastante poético para que la sorpresa sea posible. La lectura es otra: el museo necesita un golpe taquillero tras varias temporadas de exposiciones más conceptuales que populares, y la gala es el motor económico del Costume Institute. La cifra recaudada el pasado año superó los 26 millones de dólares (alrededor de 24 millones de euros), y el listón está alto. El hito a vigilar es el desfile de la escalinata del 4 de mayo, hora local de Nueva York; la edición digital de el Metropolitan Museum emitirá la retransmisión oficial.

