Algunas reacciones dicen más que cualquier declaración larga y elaborada. Mientras Makoke desvelaba en el plató de ¡De viernes! uno de sus episodios más duros de su vida junto a Kiko Matamoros, él no se movía del sofá de su casa.
Lo vio todo y además respondió. No en el plató ni ante ningún micrófono, sino a través de mensajes enviados a su excompañera Lydia Lozano, que los fue transmitiendo en directo al programa. Una estrategia tan calculada como reveladora.
Una noche de contraataques desde el salón
El colaborador, actualmente alejado de la primera línea televisiva, optó por utilizar a Lozano como altavoz de sus dardos mientras Makoke hablaba de atestados policiales, episodios violentos y años de silencio. La imagen que trasladó Lydia al plató fue la de un hombre que no parecía especialmente afectado por lo que estaba escuchando: «Kiko lo está viendo todo y se está riendo», transmitió la periodista, visiblemente incómoda con el papel de mensajera que le tocaba ejercer esa noche.
Pero Kiko Matamoros no se quedó solo en la risa. Enseguida lanzó su primer ataque directo, uno que no tenía nada que ver con los graves hechos que su ex estaba relatando en pantalla, sino con una cuestión económica que decidió sacar a colación en ese preciso momento: «Me pide que diga que Makoke cuente dónde está la herencia de su madre y cómo la ha cobrado, que su madre le debió dar unos 3.000 euros». Un movimiento claro, desviar el foco, cuestionar a quien le está cuestionando y abrir un frente diferente al que la entrevista estaba poniendo sobre la mesa.

La infidelidad que él nunca olvidó
El segundo mensaje que Matamoros envió a través de Lozano resultó igualmente significativo. Lejos de pronunciarse sobre los episodios de violencia relatados por la madre de su hija Anita, el colaborador decidió tirar del hilo de una supuesta infidelidad que, según él, le marcó durante años: «Kiko dice que está muy bien que reconozca ahora que le fue infiel, pero que estuvo mintiéndole durante años diciéndole que no había estado con ese chico de Ibiza y que él incluso llegó a creerla».
Con esa intervención, Kiko Matamoros lanzaba un mensaje en dos direcciones: por un lado, intentaba relativizar las acusaciones de Makoke situándolas en el marco de una relación mutuamente conflictiva; por otro, se posicionaba como alguien que también sufrió engaños, equiparando situaciones que, en términos legales y morales, no tienen el mismo peso ni punto de comparación.
La pregunta que más incomodó: ¿por qué ahora?
Uno de los argumentos que Kiko Matamoros repitió esa noche fue la cuestión del tiempo. No entendía por qué Makoke decidía hablar en este momento, con más de quince años transcurridos desde el episodio del atestado policial que el programa mostró en exclusiva. «No entiende por qué Makoke decide hablar ahora», trasladó Lydia al plató, en lo que fue otro intento de poner en duda la motivación de la colaboradora sin entrar en el fondo de lo que ella estaba contando.
Lo que él no mencionó en ningún momento fue el atestado policial, ni el parte médico con los desgarros en el cuello, ni la detención que quedó documentada esa madrugada de enero de 2010. Silencio absoluto sobre los hechos concretos.

Una contraofensiva en preparación
Todo apunta a que lo ocurrido en ¡De viernes! no va a quedar así. Todo apunta a que el entorno de Kiko Matamoros ya trabaja en una contraofensiva que pasaría por cuestionar la credibilidad de su exmujer y poner el foco en asuntos de índole financiera. Una estrategia que no sorprende a quienes conocen bien cómo funciona esta guerra mediática, pero que contrasta con la dureza y el detalle de lo que Makoke puso sobre la mesa el viernes por la noche. En definitiva, una batalla que acaba de entrar en una nueva fase.

