Había mucho en juego el pasado viernes en la Audiencia Provincial de Madrid. Makoke llegó a los juzgados acompañada de su pareja Gonzalo Fernández y de su hijo Javier Tudela, que no se separaron de ella en ningún momento. Ocho años después de su divorcio, la colaboradora y Kiko Matamoros volvieron a verse las caras, esta vez en el banquillo de los acusados, para responder por un presunto delito de alzamiento de bienes frente a la Agencia Tributaria. Una cita que se había aplazado el pasado 18 de marzo tras la presentación de nuevas pruebas a última hora, y que este viernes sí llegó a su fin. El juicio quedó visto para sentencia.
El origen del caso se remonta al período comprendido entre 2009 y 2014, cuando según la acusación ambos habrían orquestado una estrategia para impedir que Hacienda ejecutara los embargos derivados de una deuda que supera el millón de euros. Las cifras que la Fiscalía manejaba antes de la vista eran demoledoras: cinco años y seis meses de cárcel para Matamoros y cuatro años para Makoke, además de multas individuales y una indemnización conjunta al Estado que ronda los 471.900 euros.
La confesión que les alejó de la prisión
Lo que nadie esperaba era el giro que tomaría la jornada. Tanto Makoke como Kiko Matamoros optaron por la misma estrategia: reconocer los hechos ante el juez y acogerse a las circunstancias atenuantes de confesión y dilaciones indebidas en el procedimiento. Una decisión de alto riesgo que, sin embargo, funcionó exactamente como planeaban sus equipos legales.
Según ha confesado Matamoros, desde 2009 se valió de varias sociedades constituidas a su nombre para generar una «apariencia de inexistencia de ingresos», canalizando a través de ellas los cobros por sus intervenciones en televisión y su actividad como representante, mientras Hacienda encontraba un muro de papel al intentar recaudar. El punto más delicado llegó en 2011, con la compra de una vivienda en Pozuelo de Alarcón por 1.315.750 euros que, siendo su residencia habitual y estando pagada con dinero del propio Matamoros, se puso a nombre de Makoke.

La colaboradora malagueña confirmó ante el tribunal que accedió a ese plan. Reconoció haber figurado como titular tanto del inmueble como de la cuenta bancaria asociada a la hipoteca, con el objetivo de que no le embargaran la casa a su entonces marido. Una cooperación que la colocaba directamente en el foco de la acusación, pero que ayer admitió con total transparencia. Su abogado recordó además que Makoke ya ha depositado 60.000 euros como anticipo de su posible responsabilidad civil.
Las penas se rebajan y la cárcel queda fuera
El efecto de la confesión fue inmediato. La fiscal aplicó las atenuantes y redujo drásticamente sus peticiones: de cinco años y medio, la pena solicitada para Matamoros bajó a dos años; para Makoke, de cuatro pasó a un año y nueve meses. Al no superar ninguna de las dos el umbral de los dos años y carecer ambos de antecedentes penales computables en este caso, el ingreso efectivo en prisión queda descartado. Además, la Fiscalía solicita una indemnización conjunta a Hacienda de algo más de 400.000 euros, mientras que el abogado del Estado ha pedido tres años y medio para el colaborador.
Makoke salió de la Audiencia visiblemente emocionada y con los ojos enrojecidos, pero con el alivio dibujado en la cara. Sus primeras palabras ante los micrófonos fueron tan directas como reveladoras: «No es agradable estar en el banquillo, pero no entro en prisión, de eso se trataba». Una frase que resume el único objetivo que tenía para ese día.
Sin cruzar una sola mirada
A pesar de compartir sala durante horas, el ambiente entre los dos ex fue de frialdad total. Makoke fue contundente al respecto: «No le he visto la cara, porque le tenía al lado y no le he mirado». Por su parte, Matamoros salió del juzgado en un tono bien distinto: habló de celebración, de años de sufrimiento y de calumnias aguantadas. Y lanzó un aviso sobre la vivienda de Pozuelo: en esa casa en la que en su día ocultó a Hacienda, afirma que siguen viviendo familiares de su exmujer. «La pelea por mis derechos», sentenció, dejando claro que para él el asunto judicial no es más que el primer capítulo de una batalla que aún tiene mucho recorrido.

