Hay conversaciones que sin duda van mucho más allá del entretenimiento, y la que ha protagonizado Toñi Moreno junto a Ana Milán en el programa ‘Ex. La vida después‘ es una de las que dejan huella. La presentadora andaluza, que lleva décadas siendo uno de los rostros más reconocibles de la televisión española, se ha abierto en canal para hablar de lo que rara vez ha contado en público: su proceso para aceptar su propia homosexualidad, los amores que la han marcado y la persona en la que se ha convertido hoy. Una conversación sin filtros, con una honestidad que pocas veces se ve en una pantalla.
El punto de partida está en sus raíces. Toñi Moreno creció en el seno de una familia humilde, religiosa y trabajadora, y esa educación la acompañó durante décadas de una forma que ella misma reconoce que no siempre fue liberadora. «Yo soy hija de un agricultor y una madre maravillosa que tenía tres trabajos y a los 14 años estaba trabajando para sacar a mi familia adelante. Yo he tenido una educación muy católica y me ha costado mucho llegar a quererme», ha contado la presentadora, dejando claro que el camino hacia la aceptación propia estuvo sembrado de obstáculos internos desde muy joven.

Esa educación la llevó a negar durante años lo que sentía. No fue un proceso puntual ni rápido, sino una lucha prolongada consigo misma que la empujó incluso a salir con hombres para intentar encajar en lo que se esperaba de ella. «Yo soy muy antigua en mis quereres, he sido muy de creer en el amor. No de salir del armario, de contarme a mí misma. Yo he tardado muchísimo, yo he salido con muchos chicos porque yo no quería ser lesbiana», ha admitido con una valentía que provoca tanto admiración como ternura. De hecho, llegó a estar cuatro años con un hombre del que, según sus propias palabras, estuvo «muy enamorada».
Pero la confesión más impactante llegó al hablar del nivel de rechazo que sintió hacia sí misma. «Lesbiana nunca quise ser, incluso era la primera homófoba conmigo misma. Yo me he negado mucho porque creía que era pecado», le contó a Ana Milán. Unas palabras que resumen décadas de silencio autoimpuesto y que conectan directamente con su historia más temprana: el primer enamoramiento que recuerda fue en el colegio de monjas donde estudió, aunque entonces se contó a sí misma que era simple admiración. «La que me encantaba a mí, que yo creo que fue de la primera de la que me enamoré, pero no me lo conté. Me contaba que la admiraba muchísimo y ahora digo, ‘yo estaba enamorada'». Incluso le compuso una canción.
La liberación, según ella misma reconoce, llegó tarde pero llegó. «Me he liberado hace muy poquito», le confesó a Ana Milán. Y ese proceso también ha redefinido su manera de entender el amor y el deseo. Toñi Moreno es de las que no separan el sexo del amor, algo que sabe que no es lo más común pero que forma parte de su forma de ser: «Me cuesta mucho concebir el sexo simplemente por placer y darte una alegría. Yo lo asocio al amor… Me sobran dedos de las manos con la gente que he ligado y con la que he tenido sexo».
Hoy, a sus 52 años y con su hija Lola creciendo a su lado, Toñi Moreno vive el mejor momento de su vida. Lo dice sin dudarlo: «La época más feliz de mi vida es ahora que no estoy en pareja». Eso no significa que haya cerrado la puerta al amor, al contrario: «Tengo ganas de enamorarme porque el amor es una cosa maravillosa. Yo he puesto mi vida boca abajo todas las veces que me he enamorado, y no me he arrepentido». Y tiene muy claro que su hija Lola no vivirá lo que ella vivió: «Mi hija no va a vivir en un hogar donde haya ni una esquina con polvo. Mi hija va a vivir la verdad y va a vivir en verdad. Ahora tengo una razón muy importante para ser coherente». Una declaración que lo dice todo sobre la mujer en la que se ha convertido.

