Tras años de enfrentamientos mediáticos, Kiko Matamoros y Makoke se reencontraron en los juzgados en un cara a cara que ambos calificaron de “desagradable”. La situación surgió en el marco de un juicio por un supuesto delito de alzamiento y ocultación de bienes, por el que la Fiscalía había solicitado penas de prisión y cuantiosas multas a ambos. Sin embargo, el proceso se ha cancelado temporalmente debido a un exceso documental que impidió continuar con normalidad la vista oral.
1El problema legal de Kiko Matamoros
La Fiscalía había solicitado para Kiko Matamoros cinco años y medio de prisión y un pago a Hacienda de 636.000 euros, mientras que para Makoke, señalada como “cooperadora necesaria”, pedían cuatro años y tres días de prisión, junto a una multa de 471.900 euros. Según el Ministerio Fiscal, el colaborador habría diseñado una estrategia para evitar pagar sus deudas con la Agencia Tributaria mientras mantenía un lujoso estilo de vida. En el centro de la polémica también se encontraba el chalet familiar en Pozuelo de Alarcón, que, según los documentos judiciales, habría sido puesto a nombre de Makoke mientras Kiko continuaba cubriendo los gastos, supuestamente para evadir la acción de Hacienda.
Makoke fue la primera en llegar al juicio, acompañada de su novio Gonzalo, y mantuvo un rostro serio bajo gafas oscuras, evitando responder a las preguntas de la prensa. Su pareja se mostró como un apoyo incondicional, destacando que confiaba plenamente en la justicia y que se trataba de un tema “desagradable” que le generaba vergüenza. Junto a ella, también estuvo su hijo Javier Tudela, quien reside en la casa de Pozuelo con su pareja y sus hijos, y cuyo testimonio podría resultar relevante en el caso.
Minutos más tarde, Kiko Matamoros llegó al juzgado visiblemente tranquilo y confiado, reafirmando en redes sociales que esperaba que el proceso permitiera que “salga a la luz toda la verdad”. El colaborador se mostró firme en su intención de que se determine la responsabilidad de cada parte y de que se esclarezca la gestión del dinero y los bienes implicados. Según declaró, aún le queda por pagar parte de los intereses y sanciones, pero confía en que el proceso se resolverá de manera justa.
En el interior de la sala se vivió un incómodo reencuentro entre la expareja. Ambos se sentaron con un espacio prudencial entre ellos y ni siquiera se dirigieron la mirada. La tensión fue palpable, y aunque la situación era evidente para todos los presentes, la formalidad del juzgado obligó a mantener cierta compostura. La distancia física simbolizó la distancia emocional que aún persiste después de años de disputas legales y mediáticas.

