La incorporación de Esty Quesada, conocida popularmente como Soy una pringada, al programa El tiempo justo no dejó indiferente a nadie. Su debut como colaboradora en la mesa polivalente del espacio presentado por Joaquín Prat estuvo marcado por declaraciones explosivas, ironía sin filtros y una advertencia que dejó al plató en silencio. La creadora de contenido, fiel a su estilo provocador, lanzó una frase que sacudió el arranque del programa: “como me llaméis Esty Quesada me suicido en directo otra vez”.
Esty Quesada pone en un aprieto a Joaquín Prat

Nada más comenzar su intervención, la colaboradora cuestionó el rótulo que aparecía en pantalla con su nombre real. Con tono sarcástico y provocador, explicó que ese nombre forma parte de su pasado y que prefiere ser identificada por su identidad pública. La frase, cargada de humor negro, generó un momento de desconcierto en el plató y obligó al presentador a reconducir la situación con cautela.
Lejos de rebajar el tono, Soy una pringada insistió en que su apellido está “prohibido” y reiteró que no desea que se utilice en el programa. Joaquín Prat, visiblemente sorprendido pero manteniendo la compostura, le preguntó cómo prefería que se dirigieran a ella, abriendo un breve intercambio que evidenció el choque entre el lenguaje televisivo tradicional y las nuevas identidades digitales. Finalmente, la colaboradora aceptó que se utilizara “Esty” sin el apellido, aunque subrayó que su nombre artístico es el que mejor la representa.
El momento más tenso llegó cuando, mirando directamente a cámara, lanzó otra advertencia con su característico humor extremo. Afirmó que si alguien volvía a llamarla por su nombre completo, se suicidaría en directo y dejaría constancia de ello en una supuesta nota. Aunque el comentario se interpretó como una provocación performativa propia de su estilo, el silencio en el plató reflejó el impacto inmediato de sus palabras.
El debut de la youtuber dejó claro que su presencia busca romper los códigos habituales del programa y atraer a una audiencia más joven. Su actitud desafiante, unida a su fama en internet, representa una apuesta por la renovación del formato, que intenta adaptarse a un ecosistema mediático donde la espontaneidad y la polémica generan conversación social. Sin embargo, su intervención también evidenció los riesgos de trasladar el lenguaje irreverente de las redes a la televisión generalista.
Durante la emisión, el programa mostró imágenes de su llegada a las instalaciones de Mediaset, donde recorrió el pasillo de la fama de la cadena. Fiel a su estilo irreverente, no dudó en calificar de “viejos” a algunos rostros históricos que aparecían en las fotografías, un comentario que, aunque lanzado en tono humorístico, reforzó su papel de figura disruptiva dentro del espacio.
La colaboración también dejó entrever que su continuidad no está garantizada. La propia Esty advirtió que acudía a modo de prueba y que podría no regresar, una idea que repitió en varias ocasiones a lo largo del programa. Este planteamiento introduce un elemento de incertidumbre que, lejos de ser negativo, puede formar parte de la estrategia del formato para generar expectación y conversación en redes sociales.
Joaquín Prat se ha quedado en shock

El intercambio final con Joaquín Prat reflejó esa ambigüedad. El presentador expresó su deseo de que regresara, destacando que el programa tiene cabida para todo tipo de temas y perfiles. Ella, en cambio, respondió cuestionando la agenda del espacio y sugirió abordar asuntos polémicos en futuras emisiones, dejando en el aire su posible vuelta.
La presencia de Soy una pringada en televisión supone un choque cultural entre dos formas de comunicar: la televisión tradicional y la cultura digital. Su estilo directo, provocador y cargado de ironía conecta con una generación habituada a la autenticidad sin filtros, pero también pone a prueba los límites del lenguaje en un medio masivo. Este equilibrio entre frescura y controversia será clave para determinar si su incorporación se consolida o queda como una aparición puntual.
Más allá de la polémica, su debut confirma que los programas buscan reinventarse mediante perfiles que generen conversación inmediata. La televisión actual compite con el ecosistema digital y necesita figuras capaces de viralizar contenidos en cuestión de minutos. En ese sentido, la intervención de Esty Quesada cumplió su objetivo: dejar en shock al plató, al presentador y a la audiencia.
Queda por ver si su colaboración se convierte en una presencia estable o en un experimento televisivo. Lo que resulta indiscutible es que su paso por el programa no pasó desapercibido y abrió un debate sobre los límites del humor, la identidad pública y la adaptación de los formatos clásicos a nuevas voces. En un panorama mediático en constante transformación, su debut simboliza el intento de la televisión por dialogar con una generación que ya no consume contenidos de la misma manera.
Por ahora, el programa ha logrado lo que buscaba: ruido mediático, debate social y un momento televisivo que difícilmente será olvidado. Y mientras la duda sobre su regreso sigue en el aire, una cosa ha quedado clara: Soy una pringada no ha venido a encajar, sino a sacudir el tablero.

