Kiko Matamoros y Kiko Hernández confirman lo más grande: «Esto va a ser una guerra»

Kiko Matamoros y Kiko Hernández vuelven a unir fuerzas con un proyecto propio que promete sacudir el panorama digital. Ambos estrenan ‘Los Kikos TV’ con un formato en directo, sin filtros y con público en plató. “Esto va a ser una guerra”, advierten, dispuestos a revolucionar el entretenimiento nocturno.

Kiko Matamoros con Kiko Hernández. (Foto: Instagram)
Kiko Matamoros con Kiko Hernández. (Foto: Instagram)

Kiko Matamoros y Kiko Hernández regresan juntos con un proyecto propio y sin ataduras, una apuesta que ambos definen sin rodeos como un punto de inflexión en sus carreras. La frase que pronuncian entre risas —“Esto va a ser una guerra”— no suena a amenaza, sino a declaración de intenciones ante una nueva etapa en la que prometen dinamitar convenciones y recuperar la esencia del espectáculo que, aseguran, se ha perdido en los últimos años. Nos reciben en el Teatro de Las Vegas de Madrid, convertido en plató improvisado y cuartel general de un formato que verá la luz el jueves 19, desde donde emitirán su nuevo programa nocturno y lanzarán ‘Los Kikos TV’, un canal de YouTube que nace con vocación de fenómeno.

La noticia de los Kikos

Los Kikos en 'Sálvame'. (Foto: YouTube)
Los Kikos en ‘Sálvame’. (Foto: YouTube)

La complicidad entre ambos es evidente desde el primer momento y se mezcla con una energía casi juvenil que contrasta con los golpes profesionales que reconocen haber sufrido recientemente. “Vamos a ser nosotros mismos, sin pinganillos ni consignas”, subraya Matamoros, reivindicando una libertad creativa que considera inexistente en sus anteriores etapas televisivas. Hernández, por su parte, celebra la ausencia de filtros con entusiasmo: “Si con filtros ardía la cadena, imagínate ahora”, afirma, convencido de que el público busca precisamente esa autenticidad que, según él, se diluye cuando la televisión intenta agradar a todos.

El proyecto no es solo un programa, sino un experimento en tiempo real que pretende medir la reacción del público minuto a minuto. Hernández explica que la interacción con los espectadores será clave, observando quién se conecta, qué contenidos funcionan y cuáles no, para moldear el formato sobre la marcha. La promesa de improvisación y cercanía se presenta como uno de los grandes reclamos de un espacio que aspira a emitir de lunes a jueves, de diez de la noche a dos de la madrugada, con público en directo y una estructura abierta que mezcla entrevistas, humor, memoria televisiva y comentarios sin guion.

Ambos insisten en que el tono será ligero, incluso gamberro, y que el objetivo principal es entretener sin caer en ataques personales ni posicionamientos ideológicos. Matamoros recalca que no buscan adoctrinar ni señalar a nadie, sino mostrar la cara menos conocida de personajes públicos y reírse también de sí mismos. La autocrítica se convierte en bandera, especialmente cuando el colaborador admite que al revisar sus primeros programas se ve “ridículo”, una confesión que revela su intención de desmontar su propia imagen pública y conectar con el espectador desde la ironía.

El pasado compartido pesa, pero no como una losa, sino como combustible narrativo. Recuerdan sus etapas en distintos formatos, sus enfrentamientos y reconciliaciones, y el aprendizaje que, según dicen, les ha permitido llegar a este momento con una visión más clara de lo que quieren ofrecer. Hernández admite que su relación no siempre fue idílica y que incluso vivieron una auténtica guerra en sus comienzos, mientras que Matamoros resume su trayectoria conjunta como una montaña rusa de amistades, distancias y reencuentros. Esa historia común, lejos de ocultarse, será parte del contenido, un elemento que el público podrá revisitar desde una perspectiva más madura.

En medio de la conversación, surge inevitablemente el recuerdo de Mila Ximénez, a quien ambos evocan con emoción contenida. Coinciden en que es la compañera a la que más echan de menos y la única con la que, dicen, compartirían sin dudar esta nueva aventura. La evocación no se queda en la nostalgia, sino que refuerza la idea de que el programa quiere recuperar el espíritu de camaradería que, según ellos, hacía especiales sus mejores etapas profesionales.

Un programa con mucha proyección

Montaje de los Kikos. (Foto: YouTube)
Montaje de los Kikos. (Foto: YouTube)

El formato promete también una puesta en escena ambiciosa para el entorno digital, con público en directo y una realización que aspira a diferenciarse de los estándares de YouTube. Matamoros evita comparaciones grandilocuentes, pero deja caer que no será un proyecto menor y que el objetivo es trasladar al entorno online la magnitud del espectáculo televisivo tradicional. La combinación de plató físico y emisión digital pretende romper la barrera entre ambos mundos y demostrar que el entretenimiento puede reinventarse sin perder su esencia.

La génesis del proyecto se remonta a conversaciones mantenidas durante etapas profesionales difíciles, cuando ambos sentían que el medio les había dado la espalda. Reconocen que hubo momentos de auténtica agonía laboral, especialmente tras salidas abruptas de proyectos que consideraban propios. Lejos de recrearse en el victimismo, transforman esa experiencia en motor creativo: “A lo mejor nos damos el bofetón, pero será nuestra forma de entender el espectáculo”, admite Matamoros, asumiendo el riesgo como parte inseparable del oficio.

La frase que da titular a esta historia, “Esto va a ser una guerra”, adquiere así un significado distinto: no se trata de una batalla contra personas concretas, sino contra la previsibilidad, el miedo al qué dirán y la uniformidad del entretenimiento actual. Ambos defienden que el humor, la improvisación y la capacidad de reírse de uno mismo son armas más poderosas que cualquier polémica, y que el público sabrá distinguir entre la provocación gratuita y el espectáculo bien construido. La guerra, en su versión, es contra el aburrimiento.

A pocos días del estreno, el entusiasmo se mezcla con la incertidumbre lógica de quien empieza de nuevo, pero ninguno de los dos parece dispuesto a moderar sus expectativas. Celebran haber alcanzado decenas de miles de suscriptores antes incluso de emitir el primer programa y confían en que el boca a boca impulse un crecimiento rápido. La libertad creativa, la interacción con el público y la reivindicación del entretenimiento sin complejos se presentan como los pilares de una apuesta que, si cumple lo prometido, podría marcar un antes y un después en la forma de entender el espectáculo en la era digital.

En un panorama mediático en constante transformación, Matamoros y Hernández se aferran a la idea de que todavía hay espacio para formatos que mezclen memoria televisiva, humor irreverente y conversación sin filtros. Su alianza, forjada entre conflictos y reconciliaciones, se presenta ahora como un laboratorio donde probar nuevas fórmulas sin la presión de las cadenas tradicionales. El jueves 19 no solo se estrena un programa; se pone a prueba una manera distinta de hacer televisión, una que, según ellos, solo responde a una regla: entretener por encima de todo.