El 12 de febrero de 2026 ha marcado un antes y un después en la crónica social española. La publicación de las memorias de Iñaki Urdangarin, tituladas Todo lo vivido, ha sacudido no solo el panorama editorial, sino también el emocional, al reabrir un capítulo que muchos creían cerrado: su relación con la infanta Cristina. El libro, que recorre su vida desde la infancia hasta su paso por prisión, pasando por su matrimonio con la hija de los Reyes eméritos, ha despertado un interés desbordante y ha vuelto a situar a la expareja en el centro de todas las miradas.
2¿Cómo es la relación de Urdangarin con la infanta?
Lo verdaderamente llamativo, según revelaciones recientes, es que Urdangarin y la infanta Cristina se ven con frecuencia en Barcelona. Él pasa la semana en la ciudad por motivos laborales, mientras que ella adquirió en 2024 una vivienda en el mismo edificio donde residieron en el pasado, aunque en otra planta. Esta proximidad geográfica, sumada a la presencia de su hijo Pablo en la zona de Pedralbes, ha facilitado encuentros que algunos interpretan como una simple coordinación familiar y otros como un acercamiento emocional.
Las declaraciones de comentaristas televisivos han avivado la conversación pública. Se habla de una “aproximación” más que de una reconciliación, de una relación que evoluciona tras la tormenta mediática que supuso la publicación de las fotografías con Ainhoa Armentia. La idea de que “donde hubo fuego quedan rescoldos” ha calado en el imaginario colectivo, alimentando el debate sobre si la historia entre ambos podría reescribirse.
El propio contenido de Todo lo vivido añade una dimensión emocional difícil de ignorar. En sus páginas, Urdangarin describe a Cristina como una persona “bondadosa, cercana y empeñada en vivir con normalidad”, un retrato que contrasta con los años de tensión pública. También reivindica la autenticidad de lo que compartieron: “Fuimos pareja, fuimos familia, fuimos equipo”, escribe, reconociendo que, pese a la separación, ella sigue siendo una figura esencial en su vida. Estas palabras han sido interpretadas como una declaración de respeto profundo que trasciende el divorcio.







