
Manu Pascual ha roto su silencio apenas unos días después de despedirse de Pasapalabra tras una histórica etapa de más de 400 programas. El madrileño cayó derrotado frente a Rosa Rodríguez, quien se llevó el mayor bote jamás entregado en el concurso, 2.716.000 euros, poniendo fin a un duelo televisivo que se prolongó durante 307 enfrentamientos directos. Ahora, lejos del plató y con la intensidad ya rebajada, el psicólogo reconoce con sinceridad: “Me da pena haberme ido”.
Las declaraciones de Manu Pascual

En una entrevista a la que ha tenido acceso Cotilleo.es, Manu hace balance de casi dos años de participación ininterrumpida y deja claro que no vive la victoria de su rival como una derrota personal. “Es un dinero que nunca ha sido mío. No lo he perdido como tal porque nunca fue mío”, explica, evidenciando una mirada serena sobre un premio que rozó con la punta de los dedos durante meses. Su reflexión desmonta la idea de fracaso y sitúa su experiencia en el terreno del aprendizaje y la oportunidad.
Durante su extensa permanencia en el concurso, Manu acumuló 270.600 euros brutos gracias a los roscos ganados, una cifra que lo convierte en uno de los concursantes más rentables en la historia reciente del formato. Sin embargo, como ocurre con este tipo de premios, la factura fiscal es considerable. Entre el tipo estatal del 20,6% y el autonómico del 18,8%, deberá abonar 105.643,60 euros a Hacienda, por lo que la cantidad neta final se situará en 164.956,4 euros.
Lejos de lamentarse, el joven psicólogo ya tiene claro el destino de ese dinero. “Quiero hacer más másteres relacionados con lo mío (la psicología) y, lamentablemente, cuestan mucho dinero. Así que, una parte va a ser para formarme, otra para algún viajecito que me haga de capricho y el resto lo ahorraré, que la vida está muy dura”, afirma. La educación vuelve a situarse en el centro de su proyecto vital, coherente con el perfil académico que ha mostrado durante su paso por el programa.
Manu también ha querido pronunciarse sobre una cuestión que cada vez genera más debate entre los concursantes: la cuantía de los premios diarios. En línea con lo que recientemente expresó Orestes Barbero, considera que sería razonable revisar las cantidades conforme al IPC actual. “Lo que podías hacer con 1.200 euros en 2007 no es lo mismo que puedes hacer ahora, en 2026. A lo mejor sí que lo podrían ver de alguna manera”, apunta, sugiriendo que el formato podría adaptarse a la realidad económica actual.
En cuanto a la norma que obliga a abandonar el concurso tras perder en la silla azul, Manu se muestra tajante pero comprensivo. “La veo justa. Si no fuese por esa norma, yo probablemente no hubiera entrado porque a lo mejor seguiría Orestes”, reconoce con honestidad. Aunque admite que le habría gustado continuar indefinidamente, entiende que la renovación de caras es necesaria para mantener vivo el formato. “Me da pena haberme ido del programa, porque por mí seguiría todo lo que pudiese”, insiste, dejando entrever el vínculo emocional que desarrolló con el equipo y la dinámica diaria.
El adiós de Manu Pascual

Su despedida no ha estado exenta de cierta crítica constructiva, especialmente en lo relativo a la tributación de los premios televisivos. Manu ha señalado que no le parece del todo igualitario que se tribute más por un premio ganado a base de estudio que por la lotería. “Que se tribute más un premio que te has ganado estudiando que, por ejemplo, la lotería quizá no es lo más igualitario”, reflexiona, aunque matiza inmediatamente que todo concursante conoce las reglas antes de participar. “Cuando sales a concursar sabes lo que hay y cuentas con ello”, añade con pragmatismo.
El duelo con Rosa Rodríguez ha sido uno de los más largos y seguidos en la historia reciente del programa presentado por Roberto Leal. Ambos construyeron una rivalidad basada en el respeto y la admiración mutua, convirtiéndose en referentes para la audiencia. La victoria final de Rosa puso el broche a una etapa que muchos seguidores describen como irrepetible, pero Manu insiste en que se marcha con la cabeza alta y la sensación de haber dado lo mejor de sí mismo.
Más allá del dinero y de las estadísticas, su paso por Pasapalabra le ha proporcionado una visibilidad inesperada y una experiencia vital difícil de replicar. Durante casi dos años convirtió el estudio diario en una rutina férrea, enfrentándose a la presión constante de un formato que no concede margen para el error. Su récord de permanencia y su regularidad lo sitúan ya en la historia del concurso, independientemente de no haber alcanzado el bote final.
Ahora, con el foco mediático todavía sobre él, Manu Pascual afronta una nueva etapa marcada por la formación, el ahorro y la reflexión. No hay rastro de resentimiento en sus palabras, sino una mezcla de nostalgia y gratitud por lo vivido. La tristeza por la despedida convive con la satisfacción de haber protagonizado uno de los capítulos más intensos del programa.
En definitiva, Manu no siente que haya perdido, sino que ha cerrado un ciclo. Se marcha con una cantidad económica significativa, con proyectos académicos en mente y con el reconocimiento del público. Y aunque admite que le duele haber dicho adiós, su mensaje final transmite serenidad: la experiencia ha valido la pena y el aprendizaje, más allá del bote, es el verdadero premio.

