
El cisma en el clan Matamoros-Flores ha alcanzado una temperatura crítica. Lo que durante años se intentó vender como una relación de primos cómplices y unidos ante las adversidades mediáticas, ha saltado por los aires de forma definitiva. Laura Matamoros, con la claridad que la caracteriza, ha decidido poner las cartas sobre la mesa y explicar por qué el vínculo con Carlo Costanzia se ha roto, posiblemente, para siempre.
«Somos primos de sangre, pero ya no nos llevamos»: la confesión que dinamita los cimientos de una de las familias más mediáticas de España.
La historia de los Matamoros y los Flores es la historia de la televisión en España: una cronología de encuentros, desencuentros, portadas de revista y platós de televisión. Sin embargo, este último capítulo no parece ser un simple bache en el camino. Laura Matamoros ha sido tajante al desvelar que la desconexión con su primo Carlo es total, marcando una distancia que va mucho más allá de un enfado pasajero.
El origen del conflicto: la delgada línea entre lo privado y lo público
La raíz de esta ruptura parece hallarse en la gestión de la privacidad y la presión mediática. Carlo Costanzia, hijo de Mar Flores, ha vivido un año especialmente convulso. Su exposición en los medios ha sido constante, no solo por su carrera como actor y modelo, sino por sus problemas judiciales y su vida sentimental. En este contexto de vulnerabilidad, el joven parece haber levantado un muro defensivo que ha terminado por excluir a miembros de su propia familia, incluida su prima Laura.
Según se desprende de las declaraciones de la influencer, el enfado de Carlo nació de una serie de malentendidos sobre cómo se han tratado ciertos temas familiares en público. Mientras Laura ha hecho de la naturalidad y la exposición su modo de vida, Carlo ha buscado un refugio más hermético. Esta diferencia de criterios sobre qué se debe contar y qué debe quedar en el salón de casa ha generado una fricción insoportable. Laura ha confesado que llegó un punto en el que se sintió juzgada o apartada, lo que la llevó a la conclusión de que, a pesar de compartir el mismo ADN, ya no compartían los mismos valores ni el mismo camino.
Un distanciamiento que afecta a todo el árbol genealógico
La frase «ya no nos llevamos» es un dardo directo al corazón de Mar Flores. La exmodelo siempre ha intentado, con mayor o menor éxito, que las nuevas generaciones de la familia mantuvieran una unión que a ella y a sus hermanos a veces les faltó. Ver cómo su hijo y su sobrina predilecta se dan la espalda públicamente es un golpe duro para el equilibrio familiar.
La situación es compleja: Laura es hija de Kiko Matamoros, un hombre que ha mantenido una guerra histórica (aunque con treguas) con Mar Flores. Los primos, en su momento, representaron la esperanza de una reconciliación generacional, una «paz de los hijos» que borrara las rencillas de los padres. Sin embargo, la realidad ha demostrado ser mucho más cruda. La presión de pertenecer a un clan donde cada movimiento se analiza bajo lupa ha terminado por desgastar una relación que, en condiciones normales, quizás habría sobrevivido.
La soledad de Carlo y la decepción de Laura
Laura Matamoros no oculta su decepción. Para ella, la lealtad familiar es un pilar fundamental, y siente que el distanciamiento de Carlo es una respuesta desproporcionada a situaciones que podrían haberse resuelto con una conversación privada. «Hay cosas que duelen y situaciones que te hacen ver que ya no remas en la misma dirección», ha señalado. Estas palabras sugieren que hubo intentos de acercamiento que fueron rechazados o que cayeron en saco roto.
Por otro lado, el entorno de Carlo desliza que el joven se ha sentido «traicionado» por la ligereza con la que se han comentado sus problemas en ciertos círculos cercanos. En su proceso de sanación y redención personal, Carlo ha decidido rodearse solo de personas que le aporten una estabilidad absoluta, y parece que, en ese nuevo círculo, Laura ha quedado fuera. Es un «borrón y cuenta nueva» que no entiende de parentescos.
¿Es posible una reconciliación en 2026?
A día de hoy, las posturas parecen irreconciliables. Laura Matamoros está centrada en su faceta como madre y en su consolidada carrera en redes sociales, evitando entrar en una guerra de guerrillas que solo traería más dolor. Carlo, por su parte, sigue centrado en sus proyectos profesionales y en su vida personal junto a Alejandra Rubio, una relación que también ha generado sus propios titulares y tensiones dentro del universo de la prensa del corazón.
El tiempo dirá si la sangre tira más que el orgullo. En las familias mediáticas, los silencios suelen ser preludios de grandes tormentas o de inesperadas reconciliaciones frente a una exclusiva. Pero por ahora, el mensaje es claro: el puente entre Laura y Carlo está quemado. Lo que queda es el respeto por lo que un día fueron y la aceptación de que, a veces, madurar significa también saber soltar a aquellos que, aunque lleven tu apellido, ya no forman parte de tu vida.

