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martes, 10 febrero 2026

El príncipe Guillermo y Kate Middleton cuentan toda la verdad sobre Jeffrey Epstein

El nombre de Jeffrey Epstein vuelve a sacudir los cimientos de varias monarquías europeas y, de forma muy directa, a la familia real británica, que observa con creciente inquietud cómo los archivos desclasificados del caso siguen revelando conexiones incómodas. En el centro de esa tormenta mediática aparece, una vez más, Andrés Mountbatten-Windsor, hermano del rey Carlos III, cuya relación con el multimillonario estadounidense es conocida desde hace años y terminó provocando su salida efectiva de la vida institucional de la Corona. A esta situación se suma ahora la aparición de Sarah Ferguson, exesposa del duque de York, en nuevos documentos que incluyen mensajes intercambiados con Epstein, lo que ha vuelto a poner el foco sobre una de las etapas más controvertidas de la historia reciente de los Windsor.

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La Familia Real británica tiene problemas

Mientras tanto, los movimientos internos dentro de la familia real evidencian que la distancia con el príncipe Andrés es cada vez mayor. En los últimos días ha salido a la luz que el duque de York abandonó la residencia de Royal Lodge, donde vivió durante años, en una decisión que habría sido impulsada directamente por el rey Carlos III. Lejos de tratarse de un traslado planificado con calma, todo apunta a que el monarca aceleró el desalojo tras conocerse nuevos mensajes que volvían a relacionar a su hermano con Epstein, incrementando la preocupación en el Palacio.

Según informaciones publicadas por la prensa británica, incluso habría tenido lugar una reunión privada entre Carlos III y el príncipe Guillermo en la que se acordó precipitar la salida de Andrés. La imagen del duque paseando a caballo y saludando al público como si siguiera siendo un miembro activo de la realeza habría generado un profundo malestar, tanto por lo que transmitía hacia el exterior como por la sensación de que Andrés no terminaba de asumir su nueva realidad fuera de la institución.

Fuentes cercanas al entorno real aseguran que Andrés tiene dificultades para aceptar la situación, algo que habría encendido las alarmas en Buckingham, no solo por su estado anímico, sino también por el impacto negativo que esa actitud podía tener en la opinión pública. De hecho, el traslado se habría organizado con absoluta discreción y de manera precipitada, dejando al personal de la residencia la tarea de empaquetar las pertenencias que aún quedaban en la vivienda, en un movimiento que simboliza el aislamiento definitivo del duque.

Así, mientras los archivos de Epstein continúan arrojando información comprometida y poniendo bajo escrutinio a figuras de alto nivel, Guillermo y Kate Middleton han querido marcar perfil propio, alineándose con un mensaje claro de preocupación, empatía y apoyo a las víctimas, y reforzando la idea de que la futura Corona británica pretende avanzar sin cargas del pasado. Un gesto medido, pero significativo, que refleja el delicado equilibrio entre el deber institucional y la necesidad de responder a una de las mayores crisis reputacionales que ha afrontado la monarquía en los últimos años.

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