Iñaki Urdangarin desvela que su hija Irene padece un trastorno desde que era pequeña, una revelación que hasta ahora se había mantenido completamente al margen del foco mediático. La información aparece recogida en las memorias que el exduque de Palma publicará en las próximas semanas y que ya han comenzado a generar un notable impacto por el contenido personal y familiar que abordan. Entre esas confesiones, una de las más comentadas es la referencia directa a las dificultades de aprendizaje que ha acompañado a Irene Urdangarin desde su infancia, un aspecto desconocido incluso para los seguidores más atentos de la familia.
1La confesión de Irene Urdangarin
A sus 20 años, Irene Urdangarin siempre ha marcado una clara distancia con la notoriedad que rodea a su apellido. Sobrina del rey Felipe VI, hija de la infanta Cristina e Iñaki Urdangarin y la menor de cuatro hermanos, ha optado desde muy joven por una vida discreta, alejada de exposiciones públicas innecesarias. Mientras algunos miembros de su generación han abrazado profesiones con visibilidad mediática o presencia constante en redes sociales, Irene ha preferido el anonimato, desarrollando su vida académica y personal fuera de España, concretamente en Reino Unido.
Esa voluntad de discreción contrasta con el impacto que ha tenido ahora la confesión de su padre. En sus memorias, Iñaki Urdangarin reconoce abiertamente que su hija padece dislexia, un trastorno específico del aprendizaje que afecta principalmente a la lectura y la comprensión de textos. Según explica, estas dificultades se manifestaron desde que Irene era muy pequeña, marcando parte de su recorrido académico y personal. Hasta el momento, este dato no había trascendido públicamente, lo que refuerza la idea de que la joven ha querido proteger este aspecto íntimo de su vida.
El exmarido de la infanta Cristina no entra en detalles clínicos ni técnicos, pero sí ofrece una reflexión cargada de admiración. En el libro, Iñaki llega a confesar que Irene es la hija que más le fascina, precisamente por la manera en la que ha afrontado sus obstáculos desde la infancia. Al mencionar las “dificultades de aprendizaje desde bien pequeña debido a su dislexia”, pone el acento no en la limitación, sino en el esfuerzo constante y silencioso que su hija ha realizado para superarla.
La dislexia, definida por la Organización Mundial de la Salud como un trastorno caracterizado por una dificultad específica y significativa en el desarrollo de las habilidades lectoras, no está relacionada con la capacidad intelectual. Sin embargo, puede suponer un reto importante durante la etapa escolar, especialmente en entornos académicos exigentes. En este contexto, la confesión de Iñaki Urdangarin permite entender mejor el perfil reservado y perseverante de Irene, que ha construido su camino lejos de la presión mediática y con una clara determinación por mantener su intimidad.
Aunque el libro no profundiza más en cómo ha afectado este trastorno a su vida diaria, la simple mención aporta una nueva dimensión a la figura de Irene Urdangarin, tradicionalmente definida por su bajo perfil público. A diferencia de otros miembros de casas reales europeas que han hablado abiertamente de sus diagnósticos para dar visibilidad a este tipo de dificultades, Irene ha optado por el silencio. Figuras como Carlos Felipe de Suecia o Beatriz de York sí han compartido públicamente su experiencia con la dislexia, convirtiéndose en referentes para normalizar este trastorno, algo que Irene, por ahora, ha preferido no hacer.

