El drama de Alma Cortés Bollo tres años después de Supervivientes: ‘Río, lloro y sudo’

Alma Bollo

El paso por un formato de telerrealidad tan extremo como ‘Supervivientes’ suele dejar una huella imborrable en quienes se atreven a saltar del helicóptero. Sin embargo, más allá de la pérdida de masa muscular, las picaduras de insectos o las secuelas metabólicas, existen cicatrices psicológicas que afloran mucho tiempo después de que los focos se apaguen. Es el caso de Alma Cortés Bollo, quien tres años después de su aventura en Honduras, ha decidido compartir con su comunidad de seguidores una fobia que la persigue desde entonces: un pánico irracional a cortarse el cabello.

La joven sevillana, hija de Raquel Bollo, participó en la edición de 2023, donde se convirtió en una de las concursantes más aguerridas, llegando a ser la décima expulsada tras 98 días de supervivencia extrema. Pero fue una decisión estética forzada por el hambre lo que, a día de hoy, sigue generándole ataques de ansiedad y fatiga.

El «Sacrificio» en la Mesa de Tentaciones

Para comprender el origen de este trauma, debemos viajar mentalmente a la «Mesa de Tentaciones» de aquel junio de 2023. En este reto, la organización ofrece a los concursantes manjares prohibidos a cambio de renuncias personales. Alma, que por aquel entonces llevaba meses pasando un hambre atroz, fue tentada por Laura Madrueño con una oferta casi irresistible: dos fuentes generosas de pasta carbonara y dos brownies de chocolate fundido.

El precio a pagar era su seña de identidad: su larga y rizada melena. Tras una negociación agónica en la que se palpaba la desesperación, la joven accedió a que le cortaran 30 centímetros de cabello. El resultado fue un corte bob a la altura de los hombros que la dejó irreconocible frente al espejo. Aunque en ese momento el placer de la comida anestesió el impacto, al regresar a España la realidad fue distinta. Su madre, Raquel Bollo, llegó a bromear comparándola con «Dora la Exploradora», un comentario que, sumado a la pérdida de su «escudo» estético, sembró la semilla de la fobia que hoy padece.

Un reencuentro con las tijeras marcado por la angustia

Desde aquel día en la isla, Alma no había permitido que ninguna tijera rozara su pelo. Durante casi tres años, dejó que su melena creciera libremente, evitando cualquier paso por la peluquería por miedo a volver a verse con el cabello corto. Sin embargo, la salud capilar tiene un límite, y la necesidad de sanear las puntas dañadas se volvió inevitable este enero de 2026.

La creadora de contenido decidió documentar el proceso en sus redes sociales, y lo que parecía una simple sesión de belleza se convirtió en un documento de vulnerabilidad absoluta. Acompañada por su amigo Damián, Alma mostró los síntomas físicos de su fobia:

  • Ansiedad descontrolada: «Río, lloro, sudo… Me muero de la angustia», confesaba mientras las tijeras se acercaban a su nuca.
  • Sensación de ahogo: En pleno proceso, la joven llegó a admitir que sentía «fatiga», un término que en el argot andaluz describe una mezcla de náusea y falta de aire provocada por el estrés.
  • Obsesión por el milímetro: A pesar de tener una melena XXL que ya le llegaba por debajo de la cintura, Alma vigilaba cada movimiento, rogando que solo se cortara «lo estrictamente necesario».

Las secuelas psicológicas del hambre y la exposición

El caso de Alma Cortés no es único en el universo de los realities, pero sí uno de los más vocalizados recientemente. Los psicólogos coinciden en que, en condiciones de privación extrema como las de ‘Supervivientes’, el cerebro establece vínculos emocionales muy fuertes con los pocos elementos de identidad que le quedan al individuo. Perder el cabello en un contexto de vulnerabilidad puede ser interpretado por el subconsciente como una pérdida de control o una agresión.

«Obviamente, esto es una absurdez comparado con cualquier cosa, pero de verdad es súper real», se justificaba Alma ante las posibles críticas por «frivolidad». Para ella, su melena es un símbolo de protección y herencia familiar (su madre, Raquel, es también conocida por su melena XXL). Perderla de nuevo significaría revivir la indefensión que sintió en la isla.

Un 2026 enfocado en la salud y la familia

Esta revelación llega en un momento de estabilidad para la influencer, después de un 2025 marcado por diversos problemas de salud que la llevaron a ser ingresada de urgencia en varias ocasiones, llegando incluso a requerir pruebas diagnósticas complejas como TACs. Aquellos meses de incertidumbre médica unieron aún más a Alma con su madre, quien ha sido su roca durante sus recaídas y ahora también durante este proceso de superación estética.

Hoy, Alma disfruta de su casa reformada en Sevilla y de sus dos hijos, quienes son su prioridad absoluta. El apoyo de su comunidad no se ha hecho esperar, con mensajes que van desde el cariño («Sufriste tú y sufrimos todos») hasta consejos técnicos sobre cómo cortar el pelo rizado para evitar el «efecto encogimiento» que tanto pavor le produce.

El largo camino de la recuperación

Superar un reto como ‘Supervivientes’ no termina cuando se pisa el plató de la final. Para Alma Cortés Bollo, la verdadera supervivencia ha consistido en reconciliarse con su imagen y entender que su valor no reside en la longitud de su cabello, aunque el camino hacia esa aceptación pase por momentos de «fatiga» frente al espejo. Con el saneamiento de sus puntas, Alma cierra simbólicamente un ciclo de tres años de negación, demostrando que, a veces, el acto más valiente es simplemente permitir que nos corten un centímetro de pelo.