
Antonio Banderas ha vuelto a emocionar al público, pero esta vez no desde un escenario, sino con las sorprendentes declaraciones de su vida. El actor malagueño, que acaba de cumplir 65 años, se ha sincerado sobre los durísimos comienzos que tuvo respecto a su carrera en Madrid, cuando la falta de dinero y las pocas oportunidades que encontraba casi le hacen abandonar su sueño. También ha hablado de la boda de su hija Stella y del musical Godspell que dirigirá personalmente y que podrás ver en el Gran Teatro Pavón a partir del 21 de enero.
De buscar monedas en la calle a conquistar Hollywood
Banderas ha recordado con crudeza aquellos primeros meses en la capital, cuando llegó siendo un joven soñador de Málaga sin un céntimo en el bolsillo. «Me compré un libro de cómo cocinar palabras de mil maneras. No tenía ni un duro. Iba por la calle mirando entre los coches y la acera por si a alguien se le había caído una moneda. Viví en nueve pensiones el primer año, me iban echando de una a la otra porque no pagaba», confesó al presentador Pablo Motos.

El hambre era su compañera habitual en aquellos días. El actor relató cómo sobrevivía gracias a un amigo que servía en la cafetería del Teatro María Guerrero: «Yo me había hecho amigo de un chico que servía en la cafetería del Teatro María Guerrero y me regalaba todas las noches un bocadillo de jamón y queso y un quinto de cerveza. Hubo una época que era lo único que comía».
El encuentro que cambió su destino
Cuando ya le rondaba la idea de volver a Málaga porque era imposible ganarse la vida, el destino le puso delante a Alicia Moreno, hija de la gran Núria Espert, que trabajaba en la administración del María Guerrero. Antonio se armó de valor, se presentó y le preguntó cómo podía trabajar allí.
Le apuntó en una servilleta el teléfono de unos amigos que le dejaban dormir en su sofá, y al día siguiente recibió una llamada inesperada. «A la mañana siguiente empezó a sonar el portero automático y mi amiga me dijo que habían llamado del Centro Dramático Nacional para que fuera a leer», recordó emocionado.
La prueba fue con Núria Espert, Ramón Tamayo y Luis Pascual, pero la respuesta tardó en llegar mientras él seguía sin poder pagar la pensión y para colmo, le pilló por medio el golpe de Estado del 23-F cosa que dilató el proceso de contratación. Finalmente le volvieron a llamar, repitió la prueba y le dieron el papel.
La noche que apareció Almodóvar
Empezó a interpretar ‘La hija del aire’, aquella obra marcó un punto de inflexión definitivo. «En esa obra vino a verme un señor que se llamaba Pedro Almodóvar. Si yo esa noche no me paro en las escaleras del María Guerrero y me vuelvo, tú y yo no estaríamos hoy hablando. Esa es la vida», reflexionaba Banderas. Lo que siguió es historia del cine español, ya que Antonio Banderas se ha acabado convirtiendo en uno de los actores españoles internacionales más importantes de la historia.

La boda de su hija
El actor también habló del enlace de su hija con Alex Gruszynski, celebrado en la Abadía Retuerta de Valladolid. Describió la ceremonia como poco tradicional pero muy bonita, explicando que Stella conoció el lugar porque él había estado antes: «Quería casarse en España, era un deseo muy importante porque ella nació en España y se siente española».
Llevar a su hija del brazo hasta el altar fue profundamente emotivo:«Ha sido una tormenta de emociones. He intentado guardar la compostura, pero era inevitable emocionarse ante la felicidad de mi hija. Era difícil no soltar alguna lagrimilla al verla». De hecho el padre de la novia fue bastante protagonista ese día; se arrancó con un discurso que conmovió a los invitados, bailó con la novia al son de Moonlight Serenade e interpretó una versión de Minnie The Moocher junto a la orquesta de su compañía teatral.
Su nuevo musical llega a Madrid
Antonio Banderas regresa ahora a la ciudad donde pasó tanta hambre, pero con otra perspectiva. Convertido en estrella internacional al frente del musical Godspell, que tras triunfar en el Teatro del Soho de Málaga aterriza en el Gran Teatro Pavón a partir del 21 de enero.
A pesar de llevar su obra a la capital española, confiesa que los mejores momentos profesionales los vive en su teatro malagueño, donde continua con una implicación total. A sus 65 años, lejos de jubilarse, Banderas asegura sentir «la misma curiosidad y energía que cuando era un joven soñador en Málaga». Su historia demuestra que a veces los sueños se cumplen y que hay que confiar en el destino.

