La relación entre Irene Rosales y Kiko Rivera vuelve a situarse en el foco mediático a raíz de un comentario que, aunque aparentemente inofensivo, ha generado un profundo malestar en el entorno familiar. El DJ se refirió públicamente a sus hijas en común como “mis bichos” a través de sus redes sociales, una expresión que no ha sentado nada bien a la madre de las menores, quien considera inapropiado el uso de ese término en un contexto público. Lo que para él puede formar parte de un lenguaje cariñoso y cotidiano, para Irene cruza una línea que prefiere no traspasar cuando se trata de la exposición de sus hijas.
1El origen del conflicto
Según fuentes cercanas a la influencer, el problema no reside tanto en la intención como en la forma y el lugar. “Conociendo a Kiko sabemos que lo dice en broma, pero una cosa es utilizar ese término en privado y otra hacerlo en público”, señalan desde su entorno, subrayando que Irene se sintió especialmente incómoda al ver cómo esa expresión se difundía ante miles de seguidores. La situación se produjo esta misma semana, cuando Kiko Rivera se refirió a sus hijas como “mis bichos” y a su hijo mayor, fruto de su relación con Jessica Bueno, como “grandullón”.
Las menores, Ana y Carlota, tienen actualmente diez y ocho años, respectivamente. Ana cumplió años el pasado mes de diciembre, mientras que Carlota lo hizo recientemente, en enero. A pesar de su corta edad, ambas están ya muy expuestas al impacto de las redes sociales, un aspecto que Irene Rosales cuida con especial celo desde la separación. Por este motivo, no considera oportuno que se utilicen calificativos que puedan ser malinterpretados o sacados de contexto, especialmente cuando proceden de una figura pública con tanta repercusión mediática como su padre.
Ante esta situación, Irene habría pedido directamente a Kiko Rivera que deje de referirse a las niñas de esa manera, al menos de forma pública. No se trata de un enfrentamiento abierto ni de un conflicto grave, sino de una petición clara para proteger la imagen y el bienestar de las menores, algo que para ella es prioritario. Desde su entorno insisten en que la intención no es generar polémica, sino establecer límites claros en una crianza compartida que, pese a la ruptura, sigue requiriendo acuerdos constantes.

